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      Carlos Henrique Raposo, el estafador más grande en la historia del fútbol
      August 26, 2015

      Carlos Henrique Raposo, el estafador más grande en la historia del fútbol

      ¿Cuántas veces hemos dejado volar nuestra mente, sentados en nuestro sofá mirando el fútbol, y hemos imaginado lo que seríamos nosotros si tuviéramos todo el dinero de Cristiano Ronaldo, de Leo Messi o de Zlatan Ibrahimovic, por decir tres al azar (¡je!)?

      ¿Y qué pasa si ya hemos llegado a conocernos bastante para saber que no tenemos las calidad suficiente para poderlo lograr?

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      Ahí nos perdemos en deseos de cosas que en realidad no necesitamos, pero que nos provocan una envidia mala malísima cuando las vemos hacer a los futbolistas durante sus típicas vacaciones en Ibiza. Es que parece que gasten el dinero como si tuvieran una impresora de billetes en el salón de su castillo privado...

      La mayor parte de veces llegamos a la conclusión de que son meras cosas materiales que no necesitamos, que el dinero no hace la felicidad, y que en realidad estamos bien con lo que tenemos. Nos refugiamos en el tierno vientre del auto-convencimiento 'zen' y nos abrazamos las rodillas a nosotros mismos repitiéndonos algún mantra conciliador. Figuradamente, claro. O no.

      En otras ocasiones, sin embargo, presenciar los dispendios de los jugadores duele y hace que se te despierte dentro una energía que no sabías que tenías, una energía que te permite hacer cosas que nunca habrías pensado ser capaz de hacer... especialmente si resulta que vienes una familia súper-pobre que vive en un minúsculo pueblo brasileño abandonado de la mano de Dios.

      ***

      Carlos Henrique Raposo, de pie frente al espejo a sus 20 años, no aceptaba que su carrera de futbolista había muerto antes de nacer. Sus colegas sabían tanto como él que en realidad no tenía pies para jugar y que nunca iba a llegar a ser profesional, pero al mirarse atentamente Carlos Henriqueveía que la naturaleza le había dado un buen cuerpo, atlético y delgado. No en vano sus años en el fútbol semiprofesional le habían granjeado el sobrenombre de 'Kaiser', porque decían que "su cuerpo recordaba el de Beckenbauer". Carlos Henrique estaba convencido de que eso podía ser suficiente para lograr toda la fama que él había ansiado, pero... ¿cómo?

      "Su único problema era el balón", asegura entre risas el defensa brasileño Ricardo Rocha. "Él decía que era delantero, pero era un delantero tan completo que nunca marcó y nunca dio una asistencia de gol. Siempre decía estar lesionado", comenta el ex jugador del Real Madrid. "Cuando la pelota estaba a la izquierda, él se iba a la derecha y viceversa. No tenía talento para jugar, pero era muy, muy buena persona. Todo el mundo le quería mucho".

      Primera parte del grande engaño: Creación del personaje. Imagen vía Twitter.

      Raposo empezó a frecuentar todos aquellos bares adonde solían ir jugadores como el propio Rocha, Renato Gaúcho, Romário y Edmundo. Allí se comportaba con un amable descaro, presentándose a todo el mundo y vistiéndose con ropa cara prestada por amigos. Todos se quedaban impresionados: un par de buenas palabras, unas llamadas, y contra todo pronóstico 'Kaiser' se convirtió en jugador del Botafogo a los 20 años.

      Es impresionante como a través del lenguaje adecuado se puede lograr cualquier cosa. El pequeño Nicolás sabe algo de todo esto.

      Lo que Kaiser solía pedir era un contrato simple, casi siempre de seis meses, que nunca ascendía a una cifra exorbitante pero que le permitía un estilo de vida más que aceptable. La táctica a seguir era más o menos siempre la misma: cuando llegaba al campo para los primeros entrenamientos, decía que estaba fuera de forma y que tenía que seguir "al menos un par de semanas" los entrenamientos que su 'personal trainer' —completamente inventado, por supuesto— le había sugerido.

      Los primeros problemas empezaban a surgir cuando los entrenadores querían ver resultados. En ese momento, Carlos Henrique Raposo convencía a algún compañero de equipo para que le lesionaran con una falta que pareciera lo más real posible, de modo que luego pudiese irse a la enfermería. Allí, a través de unos sobornos, convencía a los médicos para que le firmaran la baja.

      "Yo le pedía a alguien que chocase conmigo al saltar a por el balón en algún centro al área. Entonces decía que me dolía la parte posterior del muslo y me quedaba 20 días en el departamento médico", explica Kaiser. "Cuando la cosa se iba poniendo más difícil, tenía un amigo dentista que me daba un certificado según el cual yo tenía algún problema físico. Y así tiraba adelante".

      Antes de seguir, cabe aclarar que en aquel entonces —hablamos de los años 80— aún no existían las resonancias magnéticas, ni la profesionalización del fútbol estaba ni de lejos tan adelantada como ahora. Tampoco había tantos medios de comunicación: a menos que fueras al campo semana sí semana también, era difícil saber si un jugador era realmente bueno o no. Las radios, la prensa y el boca-oreja eran los únicos generadores de opinión. Una buena palabra por parte de los amigos adecuados te podía granjear muchas simpatías... y en eso Kaiser no tenía rivales.

      "Si nos concentrábamos en un hotel, yo llegaba dos o tres días antes, llevaba diez mujeres y alquilaba apartamentos debajo del piso donde el equipo se hospedaría. De noche nadie huía de la concentración: lo único que teníamos que hacer era bajar las escaleras", asegura Carlos Henrique.

      El dinero empezaba a llegar, los contactos aumentaban, los amigos se hacían cada vez más íntimos. Aquel güey que sabía montar fiestas y divertir a los colegas como pocos en el mundo comenzó a ser realmente popular. Kaiser empezó a disfrutar de la vida como hacían sus admirados amigos jugadores... hasta el punto que un día, al entrar en una discoteca, al famoso delantero del Palmeiras Renato Gaúcho le contestaron delante del portal que "Renato ya está dentro", porque Kaiser había entrado mencionando su nombre.

      Segunda parte del gran engaño: creer en ti mismo a pesar de que no valgas una mierda como jugador... y hacer que los medios también se lo crean.

      El siguiente equipo que cayó en la trampa del gran estafador del fútbol sudamericano fue el Flamengo, donde Kaiser logró entrar gracias a su fuerte amistad con el mencionado Renato Gaúcho. Kaiser, además, declaró que lo tenía "todo por demostrar", ya que en los pocos meses en los que estuvo en el Botafogo no pudo enseñar al mundo su talento debido la grave lesión sufrida en los primeros días de entrenamiento. Un par de buenas palabras con la prensa, unas recomendaciones por parte de amigos, y voilà: Kaiser era ahora jugador del Flamengo.

      ¿Resultados? Cero minutos jugados, cero goles.

      ***

      Su paso por el Flamengo, sin embargo, no dañó su carrera. Tras dejar el club paulista, Kaiser siguió engañando tranquilamente a todos los equipos que se le ponían por delante gracias a favores, buenas amistades y el buen rollo general que desprendía. A lo largo de su 'carrera' pasó por los mencionados Botafogo y Flamengo en su Brasil natal, y después incluso dio el salto al extranjero: según él, Kaiser llegó a jugar en el Puebla FC mexicano y los El Paso Patriots de la Premier Development League estadounidense.

      Sus cifras siempre fueron las mismas: cero minutos jugados, cero goles.

      Todo estaba, como sabemos por las grandes películas de estafas, en la creación del personaje, en creerte el papel que estás interpretando día a día; si tú mismo te lo crees, los demás también se lo creerán por extravagante que sea.

      "[Kaiser] fingía hablar inglés a través de un teléfono móvil [un instrumento muy caro en esa época] con palabras inventadas", dijo Ronaldo Torres, actual preparador físico del Fluminense, que coincidió con Kaiser en el Botafogo. "Pero un día le pregunté: '¿con quién hablas?'. Y se puso a reír con ese juguete en la mano, ¡era un hijo de puta, el cabrón! Pero le queríamos mucho".

      En 1989 regresó a Brasil, al Bangu de Río de Janeiro —donde la leyenda dice que marcó también un gol, ganándose el nombre de 'Pelé del Bangu' en la prensa—. Seguro de estar preparado para cualquier inconveniente, Kaiser admitió, cuando decidió hacer pública su increíble historia unos años después, que ahí recurrió a una de las ideas más geniales de toda su (ficticia) carrera.

      Tercera parte del engaño: el amor por un equipo no tiene fronteras. Infografía de Kevin Domínguez, Kaiser Magazine.

      La ocurrencia llegó un día en que el Bangu perdía 2-0. Su todopoderoso propietario, el jefazo de las apuestas clandestinas Castor de Andrade, histérico y harto, apartó toda la mierda que había tenido que digerir sobre ese inútil jugador que todos llamaban 'Kaiser' y decidió que era momento de que debutara. El presidente quería un delantero, y lo quería ya, así que llamó por 'walkie-talkie' al entrenador y le ordenó que sacara a Carlos Henrique.

      Cualquier otro habría entrado en pánico... pero es en los momentos más delicados donde aparecen los genios, ¿no?

      Ni corto ni perezoso, nuestro Carlos Henrique miró alrededor, escogió un tío cualquiera de la afición rival y se puso a gritar contra él. Kaiser montó un espectáculo que acabó con una pelea masiva. Tal fue el 'show', que tuvieron que echarle del campo... sin haber jugado ni un solo segundo, por supuesto.

      Al final del partido, un colérico Castor de Andrade se dirigió hacia el vestuario decidido a cantarle las cuarenta a Kaiser, pero se detuvo, sorprendido, cuando encontró al jugador con lágrimas en los ojos.

      "Antes de que digas nada, Dios me dio un padre y me lo quitó, y luego me dio otro [refiriéndose al presidente]. Así que nunca voy a permitir que digan que mi padre es un ladrón", le dijo Kaiser. Castor de Andrade se enterneció y le perdonó.

      Misión cumplida: el contrato le fue renovado por otros seis meses.

      Cuarta parte del engaño: Europa y los sueños de gloria. Imagen vía Twitter.

      Otro punto oscuro en la historia de este canalla es su hipotética pertenencia al Club Atlético Independiente que venció la Copa Libertadores en 1984. Carlos Henrique Raposo explica que llegó a conseguir el contrato —el mismo de siempre, de seis meses— gracias a un amigo en común que tenía con Jorge Burruchaga, campeón del mundo con Diego Armando Maradona en 1986. Según él, en esos seis meses no jugó ni un segundo, por supuesto.

      Independiente niega todo esto, aunque Carlos Henrique Raposo asegura que la prueba está en la fotografía que sacaron del equipo en aquel entonces, donde sí que es verdad que sale un Carlos Enrique con el pelo largo y moreno. El problema es que este Carlos Enrique, sin H, no es Kaiser, sino un lateral izquierdo argentino que nada tiene que ver con él.

      ***

      En aquellos años, un brasileño llegando a Europa era sinónimo de éxito. Kaiser no podía ser menos, así que en cierto momento de su carrera decidió invadir el Viejo Continente y se marchó al Gazélec Ajaccio francés. La presentación que le había preparado el club sorprendió al futbolista... pero de nuevo recurrió a otra idea genial.

      "El estadio era pequeño, pero estaba lleno de aficionados. Pensaba que sólo tenía que saltar al césped y saludar, pero entonces vi que había muchos balones en el campo y que tendríamos que entrenar en serio. Me puse nervioso, en mi primer día se darían cuenta de que no sabía jugar", relata Kaiser.

      ¿Qué hacer si te encuentras en un estadio lleno de aficionados expectantes que han venido en masa para que su nuevo ídolo les deleite con jugadas mágicas... si resulta que no sabes siquiera cómo chutar un balón?

      "Salté al campo y comencé a coger todos esos balones y patearlos hacia los aficionados. Al mismo tiempo saludaba y me besaba el escudo. Los aficionados enloquecieron. Y en el césped ya no quedaba ni un balón", explica el gran estafador. Al parecer, al quedarse sin balones, el equipo no tuvo más remedio que dedicar la sesión de entrenamiento al apartado físico; ahí, Kaiser no tenía ningún problema.

      A los 39 años, Carlos Henrique Raposo colgó las botas. Aún hoy es difícil de creer que alguien lograra todos los hitos que Kaiser asegura que acometió sin saber siquiera jugar al fútbol. El brasileño se reafirmó en sus historias en una entrevista concedida en 2011 a una emisora de su país natal, a pesar de que muchos actores de su particular historia niegan haber guardado relación alguna con él.

      Es complicado imaginar que una historia como la de Kaiser se repita a día de hoy, en una época de profesionalización extrema.Sean ciertos o no sus logros, al fan medio del fútbol no dejará de sorprenderle que alguien que podría haber sido él mismo pasara por clubes de élite... y nadie hubiese notado que se trata de un gran 'fake'.

      "No me arrepiento de nada. Los clubes han engañado y engañan mucho a los futbolistas: alguno tenía que vengarse por todos ellos", dijo Carlos Henrique Raposo, que quizás sea un justiciero... aunque probablemente solo sea el mejor estafador de la historia del fútbol.

      Niccolò Massariello ha colaborado en la redacción de este artículo. Síguele en Twitter: @nicolerebo

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