​Julio César Chávez: Su batalla con las drogas y su eterno legado

"El Gran Campeón Mexicano" dejó huella permanente en el ring, sufrió caídas, se levantó de nuevo y ha ahora es un inamovible en la memoria cultural de México.

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jun. 30 2016, 9:05pm

Codeson Fotos vía Flickr

Julio César Chávez, "El Gran Campeón Mexicano", "El César del Boxeo", "Mr. Nocaut"... no se podría encontrar mejor introducción que la introducción misma. En los 80 y los 90, Julio César Chávez elevó el legado mexicano en el boxeo y hoy en día su nombre es por sí mismo una historia, una leyenda, una figura y un nombre que pone con firmeza lo que representa el mexicano para el boxeo, y lo que el boxeo representa para el mexicano. Las cifras básicas: Chávez fue seis veces campeón mundial, ganando cuatro títulos mundiales en tres categorías de peso, y tuvo un total de 115 peleas profesionales, de las cuales 107 fueron victorias, y entre éstas 86 fueron por nocaut.

Cuando escuché de sus voz las palabras "siempre hay miedo, siempre hay nervios", recordamos la latente naturaleza humana que cargamos todos. Le había preguntado sobre su sentir en el vestidor, justo antes de salir por el pasillo y escuchar a los miles de fanáticos vitoreando mientras se dirigía al iluminado ring donde lo esperaba con ansia algún retador a su corona. "Siempre hay miedo, siempre hay nervios cuando vas a pelear. Son mentiras los que dicen que no sienten nada", remató Chávez. Las sensaciones suenan contrarias a la quijada que sustentaba Chávez, a ese paso implacable con el que marcaba ritmo y presión a sus oponentes, y por supuesto, a ese gancho izquierdo que incontablemente deshizo el ánimo y poder del contrario.

Ser peleador no sólo es subir y enfrentar un adversario, el enfrentamiento va mucho más allá de los puños de un oponente, es superarse a sí mismo, esos temores, nervios y dudas; y cuando Julio César Chávez subió al cuadrilátero ante Meldrick Taylor en 1990 en Las Vegas, se presentaron todas esas condiciones para que los peores pensamientos se volvieran una realidad. Durante ocho rounds, Taylor se desplazaba sobre la lona con fluidez, combinaba con velocidad y exactitud, cabeceaba sin problema y tenía a Chávez sin respuesta aparente. El vaivén era constante, boxeaban cuerpo a cuerpo, pero Meldrick dominaba y la primera derrota en la carrera de Chávez parecía inevitable.

"Yo creo que sí fue la pelea más dura que tuve en toda mi carrera", recuerda Chávez. "Sin faltarle el respeto a los demás peleadores que enfrenté porque tuve a muchos rivales difíciles, y después perdí contra Óscar de la Hoya y otros peleadores, pero Taylor fue una pelea muy complicada. Fue el mejor peleador que me enfrenté en toda mi carrera. Era campeón olímpico, campeón mundial, estaba invicto y era la próxima promesa del boxeo".

Chávez remontó en los últimos rounds de la pelea, y nos recordó de esos elementos que hacen del boxeo la ciencia dulce que es. Chávez se levantó del banco para dar inicio al último round y su garra se evidenciaba más que nunca. Ninguno dejó de boxear, y con treinta segundos restando en el combate, Chávez conectó un recto que dejaba a Taylor en malas condiciones, segundos después otro recto lo dejaba tirado sobre la lona y contra las cuerdas. Se levantaba pero a dos segundos antes del último campanazo de la pelea, el réferi Richard Steele la detuvo al ver que Taylor no tenía la capacidad de responderle preguntas directas. Chávez ganaba por nocaut técnico.

El milagro deportivo, sin embargo, no es milagro, es hazaña. Chávez evitaba su primera derrota, se consagraba como "El Gran Campeón Mexicano", unos años después llenaba el Estadio Azteca con más de cien mil personas que se reunían para verlo ante Greg Haugen y se convertía en el héroe mexicano.

"Yo sentía mucha presión. Sentía un gran compromiso y responsabilidad porque todo México me veía y tenía mucho apoyo y cariño, pero también me motivaba. Es de lo más bonito que me ha dejado el boxeo, el cariño y el apoyo".

No sería hasta después de noventa peleas profesionales que Chávez se toparía con su primera derrota tras una decisión dividida contra Frankie Randall. Las victorias fueron muchas, las derrotas muy contadas, pero una de las caídas más complicadas de Chávez fue un tanto lejos del ring. Chávez desarrolló hábitos que lo perseguían en el último tramo de su carrera: una adicción a la cocaína y un grado de alcoholismo.

"[Con eso] fue que empezaron las derrotas. Al principio lo podía controlar pero luego necesitaba más y más... fue lo peor que pude haber hecho", admitió Chávez.

No era fácil absorber la cima. Chávez venía literalmente desde abajo, en algún momento viviendo con sus padres, sus cinco hermanas y cuatro hermanos en un vagón de ferrocarril. Boxear fue una forma de responder a la pobreza, pero fue ver a sus dos hermanos mayores —Rodolfo y Rafael Chávez— lo que le prendería esa llama interna que perdura hasta la fecha. "Me daba coraje verlos boxear y a veces salían todos golpeados, a veces ganaban, a veces perdían, y me dije que nunca iba a perder una pelea".

La respuesta que encontró en el boxeo llegó a la mayor escala posible. Chávez tenía títulos, victorias, dinero, éxito, fama... pero fue la falta de encontrarle sentido a la gloria que le brindó el boxeo lo que lo llevaría a caer en hábitos que deterioraban su carrera. En ocasiones anteriores, Chávez explicó que en el alcohol y las drogas se refugiaba, evadía el vacío que sentía, pero todo esto terminaría reflejándose en derrotas sobre el ring y caídas fuera del mismo.

"Fui un adicto pero pude salir de eso y sé que todos pueden salir de situaciones difíciles. La verdad es que mi vida después del retiro ha sido muy ajetreada. Estoy muy ocupado, tengo mi fundación y siempre estoy recaudando fondos para ayudar a todos. Yo pasé por eso, sé lo que es y lo difícil que es, así que puedo trabajar en sacar adelante a otras personas".

La Fundación Julio César Chávez genera fondos para ayudar a personas que pasan por adicciones, y ahora Chávez —quien también se convirtió en socio fundador de la Clínica Baja del Sol para el tratamiento de addiciones— trabaja con otras figuras del deporte, organiza carreras, clínicas de boxeo y constantemente se presenta en los medios para hablar con seriedad lo que se enfrenta cuando hay una adicción.

Ha sido un giro completo, de boxear por ayudar a su familia monetariamente a estar en la cima de la gloria boxística, cayendo en adicciones deteriorando su salud y carrera, y dándole vuelta a esto mismo para levantar a otros que han caído en circunstancias parecidas.

El legado de Chávez lo ha dejado cimentado en la historia del boxeo, incluso fuera del ring, y más de quince años después de su última pelea por un título de boxeo, ahora presume hasta una línea de ropa que lo consagra en la moda. "Entre los proyectos que han salido, ahora estoy muy contento porque Roots of Fight me hizo parte de una serie a lado de Muhammad Ali y Mike Tyson".

Así que no es mera fortuna que las máximas figuras del boxeo actual como Gennady Golovkin reconozcan el legado de Chávez. Citando al invicto y actual campeón mundial: "Chávez, un verdadero guerrero mexicano que peleaba con quien sea".

Hay nuevas generaciones de boxeadores mexicanos marcando su camino, pero Chávez dejó un legado aparte, dejó huella permanente en el ring, sufrió caídas, se levantó de nuevo, y ahora es un inamovible en la memoria cultural de México. Julio César Chávez, el gran campeón mexicano.