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WWE

El legado de Alberto Del Río en la WWE, el luchador incomprendido por el público estadounidense

Tras su segunda despedida de la WWE, vale la pena examinar por qué Alberto Del Río nunca pudo alcanzar la fama que se esperaba de él en Estados Unidos.

Ian Williams

Photo by Miguel Discart/CC BY-SA 2.0

Alberto Del Río estará bien, por eso ni preocuparse. Es probable que vaya de regreso a su país de nacimiento, México, donde el showman de 39 años recibirá una paga sustanciosa al mismo tiempo que su carrera como luchador profesional entra en su última etapa.

Aún así, tras su segunda despedida de la WWE, vale la pena examinar por qué nunca pudo alcanzar la fama que se esperaba de él en Estados Unidos. Su pedigrí es inmaculado: es el hijo de Dos Caras, legendario luchador, y el sobrino de Mil Máscaras, un luchador mucho más legendario. Posee un gran físico —bien parecido, musculoso, y de barbilla definida—. Se luce en el ring, tanto para el espectáculo físico, como para el aspecto dramático. Hasta se podría decir que Del Río fue creado en un laboratorio de genética de lucha libre profesional.

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En la WWE, su personaje era el de un mexicano caprichoso, atractivo y adinerado. Solía entrar al ring con un auto de lujo diferente cada semana, lo estacionaba en la rampa y dejaba que su anunciador personal lo presentara en español con un tema musical de mariachi de fondo antes de subir al cuadrilátero. Se trataba de una entrada ejecutada a la perfección para molestar a la ansiosa clase media estadounidense, al presionar los botones del resentimiento al mismo tiempo que añadía unos cuantos más: no sólo los latinoamericanos te quitan tu trabajo y te obligan a escuchar Español, también podrían terminar siendo ricos y bien parecidos.

La entrada fue un éxito durante mucho tiempo. Después Del Río subía al ring e, inevitablemente, todo se salía de control. Con esto no quiero decir que Del Río era un mal luchador; al contrario, era y sigue siendo un luchador muy técnico.

El problema es que el público parecía aceptar solamente algunos gestos de su personaje: la entrada muy bien, el provocativo anunciador también. En toda su carrera tuvo dos títulos mundiales y dos de la WWE, y ninguno decepcionó. Pero también rondaba la corazonada que llegar al estado majestuoso que se esperaba de él siempre estaba muy cerca pero nunca llegaba, específicamente en el WWE más que en cualquier otro lugar.

Ver a Del Río luchar es ver a un peso completo nato combinar dos estilos de lucha. Es una mezcla de métodos: mide 1.96 metros y pesa casi 114 kilos, pero es capaz de hacer movimientos poderosos intercalados con sumisiones. De todos, su famoso "rompe brazos" es el mejor ejecutado.

Tal vez por esto el interés en Del Río desapareció, ya que no lucha, parece o actúa como el luchador profesional latino que el público estadounidense espera ver con base en su experiencia. Estas expectativas, con su respectivo toque de estereotipos, han limitado a los luchadores latinos a un rango muy pequeño de estilos. En los 90, la WCW creaba luchadores de nombre mexicanos, pero en su mayoría hacían piruetas en el aire —casi siempre con máscaras—, similares al estilo de Rey Misterio. Una vez que Del Río subía al ring se transformaba en un luchador completo.

Del Río vivirá en la memoria de los fans. Foto por Miguel Discart/CC BY-SA 2.0

Existe un hombre que funciona como el antecedente más obvio de Del Río: Eddie Guerrero. Guerrero combinaba estilos también, y podría ser visto como un personaje que realizaba los mismos trucos de Del Río pero un tono más abajo; al principio daba la impresión de ser un tramposo arriba de un low rider, pero después se transformaba en el tipo más competente de la cartelera. Así es más o menos como Del Río era presentado una vez que ponía un pie el ring.

El problema al escoger a Guerrero como modelo es que él era un luchador talentoso que no se da todos los días. Del Río, a pesar de su habilidad, no es Eddie Guerrero. Siempre ha existido algo que no cuaja entre lo que es Del Río, lo que el público estadounidense espera, y lo que la WWE quiere que sea. Por eso en la WWE, Del Río estaba perdido, a pesar de tener campeonatos y elogios.

Pero ahora se ha marchado...de nuevo. La primera vez que lo hizo fue en 2014, cuando fue despedido por una cachetada a un empleado quien supuestamente había hecho un comentario racista. El año pasado fue recontratado por una buena suma de dinero pero no hizo gran cosa, y después fue suspendido en agosto por una violación de bienestar que se rumora fue causada por esteroides. De Río ya no quería estar más en la WWE y la compañía lo dejo ir felizmente. Se encuentra listo para inaugurar un restaurante en San Antonio y retirarse en dos años.

Lo que queda es una pregunta tan difícil de responder como lo es evaluar la carrera de Del Río en la WWE: ¿Qué tan bueno era en realidad? A juzgar únicamente por el aspecto estético de la lucha, podríamos decir que mucho. Pero en términos de impacto, influencia, y venta de boletos, defraudó a lo largo de los años. Dado el éxito que ha vivido fuera de la WWE, podríamos creer no fue del todo un desastre, aunque Del Río será recordado en este deporte como uno de los luchadores de la WWE que pudo ser una leyenda.