La Haka de los All Blacks esconde muchas cosas que no te gustaría saber

La danza de celebración de Nueva Zelanda es impresionante, pero a la vez contiene una pesada carga de problemas raciales y represión colonial: ¿podrá este símbolo evolucionar y convertirse en un icono de esperanza?

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18 noviembre 2015, 4:47pm

Facundo Arrizabalaga/EPA

La Copa del Mundo de Rugby de Inglaterra acabó y los All Blacks se llevaron a casa el trofeo Webb Ellis, como prácticamente todo el mundo predijo. Internet se ha llenado de videos de la Haka, la danza tradicional que la selección de Nueva Zelanda ejecuta antes de cada partido.

Los medios de todo el mundo han vertido ríos de tinta sobre la Ka Mate durante los 44 días del mundial. La Ka Mate es una Haka creada por el líder maorí Te Rauparaha en 1820 —la misma que utilizan los All Blacks desde hace más o menos un siglo. En cambio, del hecho de que la Ka Mate sea solo una de las muchísimas Hakas que existen, de cómo fue sustituida recientemente por otra llamada Kapa o Pango, o de cómo Nueva Zelanda gestiona sus símbolos nacionales, se habla muy poco.

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Si por un lado está claro hasta qué punto es emocionante e impactante ver la Haka de los All-Blacks —y lo poco común que es ver una representación de las culturas tradicionales indígenas en el mundo del deporte—, en este artículo intentaremos explicar qué hay detrás de ese espectáculo... y de lo hipócrita que puede ser llevarlo a cabo en un ambiente como el del deporte de élite.

"Ese tipo de cosas pasan por alto de la historia colonial de Nueva Zelanda, así como las tensas relaciones entre los maoríes y la federación neozelandesa de rugby (NZRU)", explicaBrendan Hokowhitu, decano de la facultad de estudios nativos de la Universidad de Alberta y experto critico de la representación y teoría maorí.

Los maoríes han estado íntimamente involucrados en el rugby desde el nacimiento de los Nativos de Nueva Zelanda, en 1888. Los equipos no fueron abiertamente seleccionados en base a la raza durante otras tres décadas: en 1921, un periodista sudafricano expresó abiertamente su enojo sobre el hecho de que los "hombres de color" del equipo de Nueva Zelanda recibieran el soporte de los aficionados blancos.

Hasta ese momento había parecido que el equipo estaba bastante bien integrado, con muchos más maoríes que pākehā —o neozelandeses de ascendencia europea— en la selección nacional. No obstante, a partir de los años veinte empezaron a darse casos de jugadores excepcionales, comoJoe Warbrick y George Nepia, que terminaron apartados del equipo por culpa del racismo. Durante décadas, la NZRU siguió aceptando las peticiones de la Sudáfrica del 'apartheid' y no incluyó a ningún jugador maorí en su equipo nacional— una política que inspiró al grupo antirracista Halt All Racist Tours en 1969.

La Haka de los All-Blacks antes del partido contra Sudáfrica este año. Foto de Nic Bothma, EPA.

La federación neozelandesa, sin embargo, siguió mostrándose próxima al 'apartheid' sudafricano, lo cual llevó a fuertes protestas cuando los Springboks visitaron Nueva Zelanda en 1981 en el llamado Springbok Tour. Para otros países, Sudáfrica era una suerte de paria debido a sus políticas de segregación; que Nueva Zelanda les acogiera levantó ampollas entre la sociedad del país oceánico.

La NZRU terminó viéndose obligada a retirar sus políticas racistas, pero no se disculpó formalmente con los jugadores maoríes hasta 2010. Hokowhitu dice que la NZRU "no hizo nada" para explicar esta turbia historia, que algunos apodan el "sucio secreto del rugby". Aquí podría utilizarse el absolutamente absurdo y lamentable argumento según el cual deporte y política son mundos distintos, pero eso fue precisamente lo que hizo el ex primer ministro Robert Muldoon cuando permitió la gira sudafricana de 1981 —y que a ojos del mundo entero colocó a Nueva Zelanda como cómplice indirecta del 'apartheid'.

Para mucha gente, la Haka de los All Blacks es a la vez un bonito acto de reivindicación nacional y "un ejemplo alentador de cohesión poscolonial", como escribe el periodista Jake Flanagin en el medio estadounidense The Atlantic.Steve Jackson, sociólogo deportivo de la Universidad de Otago y coautor en 2013 del libro The Contested Terrain of the New Zealand All Blacks (El Terreno en Disputa de los All Blacks de Nueva Zelanda), sostiene que la Haka representa una "versión idealizada" de la unidad racial entre los maoríes y los pākehā.

Mientras que los maoríes podrían decir que superaron el horror de la época colonial en mejor estado que la mayoría de pueblos indígenas del mundo —y con un poder tanto político como económico relativamente grande en Nueva Zelanda—, sus comunidades siguen plagadas de problemas sociales como la pobreza infantil, el desempleo y el consumo de drogas en tasas mucho más altas que la media de la población. Los maoríes se enfrentan a una alta probabilidad de sufrir cáncer y a una fuerte discriminación racial, y se ven amenazados continuamente por la posible pérdida de su lengua.

Las divisiones que se mantienen entre los distintos grupos maoríes, además, cristalizan en incidentes como los choques por la polémica ley de costas en 2004 o la votación de Nueva Zelanda contra la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas en la ONU en 2007.

La selección de Nueva Zelanda hace su Haka antes de la final del Mundial de Rugby. Foto de Andy Rain, EPA.

"¿Hay algo que no sea la Haka que pueda considerarse un auténtico punto de reunión entre los maoríes y los pākehā?", se pregunta Jackson. "La Haka es el único elemento de confluencia, para bien o para mal".

Este es, en realidad, el centro de la cuestión: la Haka es un elemento cultural muy complejo. La NZRU cuenta con una larga descripción de más de 800 palabras en su página web sobre el origen de la Haka, pero en ninguna parte se menciona que la Ka Mate es una danza vilipendiada por el Ngāi Tahu, una gran tribu en el sur de Nueva Zelanda, ya que fue compuesto por un jefe cuyo ejército había diezmado a sus antepasados.

El texto tampoco incluye, por ejemplo, que en 2009 la tribu Ngāti Toa —un pueblo procedente de la Isla Norte cuyo jefe escribió la Ka Mate a principios del siglo XIX— recibió finalmente una compensación por los derechos de propiedad intelectual por parte del gobierno de Nueva Zelanda después de una disputa legal que había durado años.

Hokowhitu, en su trabajo más reciente sobre la Haka, señala que la versión original de la Ka Mate incluía una parte narrativa centrada en una mujer que luego se borró. El académico de la Universidad de Alberta asegura que las connotaciones del poder femenino en la Ka Mate ilustran la "enorme disparidad" entre la concepción popular de la danza y su mensaje original.

Las cosas se ponen aún más complicadas cuando aparecen los intereses económicos de por medio. El debate alcanzó una gran prominencia cuando a mediados de los 90 el magnate de la comunicación Rupert Murdoch compró la NZRU: desde entonces, la federación neozelandesa existe principalmente para ganar un montón de dinero que va directamente a los bolsillos de los inversores. La Haka se ha convertido en un excelente anuncio; buscar historias sobre el neocolonialismo desde luego no ayudarían a mejorar la imagen de la empresa.

En 2006, la empresa Adidas y la NZRU lanzaron una campaña llamada "Bonded in Blood" ("unidos en la sangre") cuya imagen principal era una composición de los All Blacks haciendo la Haka en una selva. Se imprimieron 8.000 carteles con esta imagen: cada uno de ellos contenía literalmente el ADN de los 39 jugadores, dado que se les pidió que donaran una muestra de sangre para combinarla con la tinta que se utilizó para imprimirlos. El problema era que la imagen limitó notablemente las diferencias en el color de piel de los jugadores para parecer más armónica.

El cartel de la campaña 'Bonded in Blood' de Adidas.

Adidas ha sido la marca con menos escrúpulos en este tema, pero otras multinacionales también han metido la pata notablemente —Rexona, Beats by Dr. Dre, Heineken... no es difícil encontrar ejemplos—. Lo mismo vale para los muchos casos de apropiación indebida, como el equipo de fútbol americano de la Universidad de la Arizona que comenzó a utilizar una 'Haka abreviada' a partir de 2009 y que, a pesar de las muchas críticas de los líderes maoríes, sólo decidió parar el mes pasado.

Los maoríes, por su lado, reafirman su propiedad cultural de la Haka en concursos nacionales, festivales escolares y pequeños torneos de rugby. A pesar de que Hokowhitu y Jackson consideran que la ejecución de la danza por parte de los All Blacks seguirá generando controversia, ambos coinciden en que la sensibilidad de la selección neozelandesa hacia los problemas sociales que la rodean va evolucionando y afinándose con los años. El hecho de que el equipo nacional se creara una Haka propia —la Kapa o Pango— en 2005 demostró la voluntad de superar la polémica por los orígenes de las danzas utilizadas previamente y encarar una etapa nueva.

Como niño pākehā originario sur de Nueva Zelanda, yo mismo no me di cuenta de todos estos matices cuando era pequeño. Tal vez me perdí esa parte concreta de la historia, o tal vez el discurso en el país haya mejorado drásticamente desde que me marché hace más de una década. Tras mudarme a Canadá, sin embargo, la Haka siguió siendo lo que me unía a la selección nacional y a mi país más que cualquier otra cosa —bueno, eso y el Señor de los Anillos, obviamente—.

Durante mucho tiempo estuve convencido de que la Haka de los All Blacks era una manera positiva de mostrar la cultura maorí a nivel internacional. No fue hasta hace poco tiempo que me di cuenta de que en realidad estaba llevando la cultura maorí como si de un disfraz de Halloween se tratara, sin darme cuenta de la pesada y persistente carga del trauma colonial que llevaba intrínseca —como la discriminación educativa y las altas tasas de encarcelamiento, por ejemplo. Por supuesto, no puedo hablar por cualquier pākehā excepto para mí mismo —pero sospecho que no soy el único que lo ve así.

A pesar de todo, cuando vi a los All Blacks realizando la Ka Mate delante de la copa Webb Ellis justo antes de su decisiva victoria por 34-17 sobre Australia en la final de la Copa del Mundo de Rugby, no pude evitar que un escalofrío me recorriera la espalda. Y de nuevo sospecho que no soy ni mucho menos el único que lo vio así.