La horrenda gloria de la nueva Lucha Libre Japonesa

El más loco, violento y repudiable espectáculo de los deportes de combate es la New Japan Pro Wrestling. Que, de alguna forma, es algo que puedes ver en la TV.

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31 julio 2015, 8:35pm

Illustrations by Ben Passmore

Probablemente no te irás al cielo si disfrutas ver la New Japan Pro Wrestling. Estás, en algún grado, enfermo. Está bien, vivimos en una enferma civilización. Yo también estoy enfermo. Amo ver a tipos lastimándose mutuamente. Veamos juntos la New Japan por AXS. No te importa si me pongo cómodo, ¿verdad?

¿Es raro si digo que parte del porqué de mi adicción a la NJPW es porque apenas sé qué está pasando? La gordas letras amarillas llenan la parte baja de la pantalla: EL EQUIPO TIME SPLITTERS DEL CAMPEONATO DE LA IWGP SE CONVIERTEN EN LOS CAMPEONES 38o. "Este encuentro," dice el anunciador, "es el más reciente de la interminable batalla entre Chaos y Sakuraba Gund" apuntó Duly. Los enfrentamientos datan de diferentes años; son highlights escogidas de cuestionables copas y torneos, de las cuales sus estructuras permanecen obscuras.

Y ahora, un corte comercial. "Soy...Gregg Allman." Gregg Allman dice, en un tono que sugiere su ausencia el día anterior, "y estás viendo (pausa) AXS TV."

¡Estamos de regreso! El humo chafa de computadora sale de ambos lados detrás del logo de la NJPW y el sonido triunfante de la guitarra eléctrica se desvanece. Un luchador golpeado se acerca a la cámara; sus labios superior e inferior están abiertos. "Nunca dejaré que alguien hable a la ligera de Super Junior," nos advierte por medio de los subtítulos. ¿Entonces, es una división y no una persona, equipo o facción? ¿A quién demonios le importa? Después de no más de 30 segundos de promoción elíptica, llegamos al ring, dentro de "Bodymaker Colosseum, antiguamente conocido como Osaka Prefectural Gymnasium," para ver cómo masacran a un luchador llamado Vampire Chicken.

Algunos en el público traen puestas máscaras de cirugía. Hay un hombre sin camisa dando vueltas en el ring, supuestamente interesado en el resultado de la pelea, aunque no se habla de su presencia. Viste un gigantesco casco que me recuerda al casco de batalla de Sauron. Se ve como si un castillo embrujado estuviera creciendo de sus hombros.

El panorama pinta negro para el escuálido y viejo Vampire Chicken. Se enfrenta a un chico guapo con musculatura digna de los Maestros del Universo, cabello largo y rubio, y con una cara idealizada de cirugía. Sobre la barbilla prominente, los pómulos del héroe son tan redondos como los de un muñeco de Cabbage Patch Kid's. Sus labios de un rojo cereza artificial de cupido sonríen, revelando unos dientes luminosos. Su cara es misteriosamente joven. Sin cambiar de expresión, patea a Vampire Chicken en la cabeza. La violencia es tan llamativa e interesante, tan visceral, tan...real. Esto es el "estilo duro", el notorio acercamiento de la lucha profesional japonesa, ahora disponible con comentarios en inglés en AXS, un canal del cual no tenía idea que existía.

Los comentarios en inglés son esenciales. Mauro Ranallo y Josh Barnett son el mejor equipo de comentaristas de lucha profesional en décadas. Sin esfuerzo alguno toman el control de los detalles y los personajes, son excepcionales, guías enriquecedores en cada episodio. Su aproximación es como de deportes, y se toman en serio la acción presentada, integrando pedazos de historias de una forma perfecta y técnica jugada a jugada. Proyectan un tipo de sutileza a la Bruce Campbell, presidiendo la transmisión como amigos cercanos que te introducen a una fiesta surrealistamente salvaje.

Todo es real, ya sabes. —Ilustración por Ben Passmore.

Ranallo, quien también ha anunciado peleas de box y MMA, posee un pulido, autoritativo y admirable vocabulario. Barnett, un ex participante de deportes de combate, provee un honesto y objetivo punto de vista, y conoce personalmente a muchos luchadores de la NJPW. Las anécdotas de Barnett abarcan Tokio, Las Vegas, y Río de Janeiro, que evocan un glamuroso y nocturno historial de suites privadas y vuelos internacionales. El entusiasmo e involucramiento del equipo de comentaristas ofrecen un camino hacia un producto que de otra forma sería raro. Cuando un luchador hace trampa, los cronistas lo desaprueban de una forma muy clara, y su credibilidad hace que funcione. En lugar de evaluar el "juego de tobillos" del villano de manera desganada, hago un gesto de aprobación con mis camaradas, Mauro y Josh, quienes están enojados con este cretino sin respeto por el deporte.

No he visto una sola mujer en la NJPW, excepto en el público. Este es un reino de fantasía habitado en su totalidad por hombres duros, aunque los vestidores varíen en tipos de cuerpo, estilo, y edad; es una amplia paleta de masculinidad violenta. Hay jóvenes y estrellas en decadencia. Este es un mundo de dandis, de intercambio de moretones, de asesinos sin emociones, y de arquetipos de hombres salvajes que parecen gárgolas, que se jalan el cabello y muerden todo lo que esté a su alcance.

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La razón número uno para ver la NJPW —podría decirse que no para ver lucha profesional— es por el luchador Shinsuke Nakamura. Nakamura, para meternos un poco en el cine japonés, es un personaje de Takashi Miike: un dios mafioso que con solo su cara puede llamar tu atención. En términos más domésticos, Nakamura es como Omar en "The Wire", el avatar de alguna fuerza mitológica; transciende no solo en el show, sino también en el medio.

Puedo intentar compararlo con ídolos de otros campos, pero Nakamura es único, es un matón cansado del mundo que sube al ring como Michael Jackson. Su terribles ataques —Nakamura es "El Rey de Estilo Duro"— son como dagas danzantes, sus movimientos son excéntricos y posee un juego de pies a la Fred Astaire. Su cara es la de un hombre que se esfuerza por controlar su propia violencia. Nakmura parece un prisionero de sus habilidades; su lucha profunda se refleja en sus gestos.

Cuando un oponente lo provoca, Nakamura parece experimentar una genuina culpa moral, como cierto disgusto por lo que está a punto de sacar. Su cara cambia, se agita: se rinde ante cualquier ente que mora dentro de él y lanza un giro que dejaría lisiado a cualquier caballo de arado, una mezcla inolvidable de solo de guitarra y Hulk Smash.

La NJPW ofrece unas cuantas caras extranjeras. Está AJ Styles, quien es como el AJ Styles de TNA excepto que cien veces mejor, y Doc Gallows, previamente conocido como Festus y Luke Gallows en la WWE, ahora con la cabeza pintada a la Mantaur. También está un luchador Norteamericano llamado Ricochet que se mueve como personaje de videojuego. Aparentemente ajeno a las leyes de la física, Ricochet salta, rebota y vuela por los aires a su antojo; sus convencionales oponentes newtonianos parecen reliquias de una previa etapa evolutiva, cavernícolas tratando de matar algo que se mueve en la cuarta dimensión.

Un estilo muy duro. —Ilustración por Ben Passmore.

Mucho se podría decir sobre todo lo que no es la New Japan Pro Wrestling en AXS. Existe, desde luego, en contraste con el delicioso McDonald's que es la WWE —no solo en contraste, sino también como una anomalía que crece en el sustrato de la WWE, que permanece como el juez de lo que es la lucha profesional. Las transmisiones por AXS de la NJPW son emocionantes, brutales y se pueden ver en vivo. Muchos de los elementos a los que están acostumbrados los fans de la WWE, incluyendo los guiones de telenovela, están ausentes. El producto es más puro y pesado, aunque más sofisticado, algo entre porno gonzo y cine de arte.

Es difícil decir qué tan extraña es la NJPW sin contar el exotismo. De verdad que es rara. El público se sienta en la oscuridad, callados en su mayoría, excepto por uno que otro sonidito por ahí. El anunciador del ring deja de payasear, y comienza a anunciar los nombres de los competidores con falsetes. Incluso la campana suena de una forma extraña, como si fuera de madera.

Las peleas son más duraderas, sus ritmos y su composición dinámica son más complejos. Casi siempre hay un segmento de "espíritu peleador" donde un competidor apalea, sin piedad, a un adversario que se niega a darse por vencido o incluso aceptar el dolor que siente. Hulk Hogan solía hacer algo similar, quitándose golpes cuando se enojaba, pero sus oponentes pegaban nada fuerte comparado con estos. Los movimientos son más salvajes: el Dragon Screw Leg Whip, el Magic Killer, Mongolian Chops y Mountain Bombs, tornillos atroces y planchas que ninguna federación de lucha debería permitir. Los luchadores pelean con lesiones serias, incluyendo mandíbulas rotas a mitad del encuentro.

La violencia es reprensible. Le confesé mi nueva obsesión por la NJPW a un amigo de quien respeto su opinión, y resultó que él también comparte una mezcla de culpa y deleite. Me dijo que cuando ve la NJPW, se siente "como si atestiguara más conmociones por minuto que incluso la compilación más espeluznante de World Star. Sé que no debería gustarme, pero de verdad que me gusta mucho."

Los luchadores de la NJPW practican varios estilos, un recuerdo de cuando la UFC ponía a pelear a un boxeador contra un karateca, encuentros que parecerían disparejos en cuanto a la técnica. Un monstruo de 2 metros con facha de los 80 y ojos saltones, se enfrenta a una solemne máquina de sumisiones que deja a sus oponentes como pretzels y los ahorca con sus piernas. ¿Quién demonios ganará? ¿Será que el gordo grandulón termine amarrado como una pretzel? ¿Cuál será el sonido cuando su tendones se desgarren?

La primera vez que me topé con la NJPW en AXS fue por accidente cuando le cambiaba a los canales a la 1 a.m. en un cuarto de motel, y puedo decir que esa fue la introducción ideal. Los programas de televisión de calidad a altas horas de la noche es lo que ya no hay en nuestros días —la TV que emerge del mundo de la noche, la TV que no deberías dejar ver a tus hijos. Es peligrosa y diferente, apasionante y cruda, una ventana tentadora hacia un mundo radicalmente desconocido. Esto es arte, pero vaya, vaya, vaya que estos cabrones se lastiman.