Por qué un médico especializado en deportistas de élite receta patatas fritas

Las patatas de bolsa pueden marcar la diferencia en la dieta de los campeones, y hay algunos que tienen devorar kilos y kilos de ellas por prescripción médica.

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sep. 16 2016, 7:07am

Imagen vía Pixabay

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Ir al gimnasio antes de que salga el sol. Sudar la gota gorda en el campo de entrenamiento dos veces al día. Vivir tu vida como si fueras el protagonista de un anuncio de una multinacional deportiva. Los deportistas de élite cuidan sus anatomías como auténticos y modernos Adonis, y la suya es una existencia que sacrifica los placeres del paladar para moldear el cuerpo y alcanzar el pleno rendimiento.

A nosotros, que no somos más que el resto de los mortales, no nos vendría nada mal seguir algunos de los consejos que nos pueden ofrecer los deportistas de élite. Bueno, siempre y cuando no nos aconseje el médico del lanzador de los Chicago Cubs Jason Hammel, que le ha prescrito una dieta a base de grasas, sales y patatas fritas de bolsa.

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Jason Hammel cobrará esta temporada nueve millones de dólares por lanzar pelotas de cuero con toda la potencia que le sea posible y por pasearse plácidamente hasta su base después de haber golpeado la pelotita hacia la estratosfera. Y cobrará también nueve millones de dólares por ponerse hasta las cejas de grasas saturadas.

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Así se lo ha prescrito su médico, ni más ni menos: que devore en abundancia todas las grasas que salgan a su paso para aliviar sus calambres.

"Mi médico me ha dicho que si lo de mis calambres es una dolencia crónica, que lo mejor que puedo hacer es comer bolsas de patatas fritas porque tienen mucho potasio. Y, obviamente, porque al estar elaboradas con sales de mar son adecuadas para retener líquidos", ha comentado Hammel en una conferencia de prensa. "Así que durante el último parón competitivo me he concentrado en los consejos de mi médico y he comido un montón de patatas fritas. Creo que el resultado ha sido bastante bueno. Cumplir con la receta de las patatas fritas, este es el próximo objetivo que me he marcado".

Hammel había pasado por un pequeño bajón deportivo. El pasado 7 de julio tuvo que abandonar un partido después de empezar a sentir calambres en una mano. Entonces el médico del equipo le convocó para combatir su actual dolencia y le dio la mejor receta de la historia de la medicina. La competición se interrumpió en verano y Hammel aprovechó para comer patatas fritas en cantidades industriales.

Después de una semana comiendo sin parar, Hammel volvió a pisar los terrenos de juego consiguiendo una victoria. Él atribuye este éxito a las patatas fritas, que no ha dejado de devorar durante los partidos.

En realidad, no todos los atletas profesionales son el paradigma de una alimentación equilibrada, de la misma manera que no todos siguen la descerebrada dieta del doctor Tom Bradley. Es sabido que Michael Phelps ingirió 12 000 calorías al día durante su preparación para los Juegos Olímpicos, una dieta que consumó a fuerza de devorar kilos de pasta, tortitas de chocolate, pizza y miles de calorías más suministrados por las incontables bebidas energéticas que se metió entre pecho y espalda.

De momento, el raro privilegio de ponerse hasta las trancas de patatas fritas es única y exclusivamente de Hammel.

Este artículo se publicó originalmente en Munchies.

Sigue al autor en Twitter: @wyattbmarshall