Foto de Kyle Terada, USA Today Sports, con edición de VICE Sports

Stephen Curry se cree un enviado de Dios... y por eso triunfa

La devoción religiosa del dos veces MVP de la NBA Stephen Curry ha marcado la trayectoria de un deportista que para el resto de mortales es de otro planeta.

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may. 11 2016, 11:55am

Foto de Kyle Terada, USA Today Sports, con edición de VICE Sports

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Imagina que eres el mejor jugador de baloncesto del mundo, que eres el primer MVP unánime en toda la historia de la NBA y, así en general, uno de los tipos más famoso del planeta: efectivamente, no puedes más que soñar con ser Stephen Curry, un hombre con rostro de bebé que en realidad deberíamos catalogar como alienígena.

Pero no, porqué resulta que ahora vas y le das todo el mérito de tu increíble y meteórica trayectoria a un tercero, a un ente abstracto que "está entre nosotros" pero que nadie puede ver —bueno, excepto algunos iluminados que creen que sí.

Para muchos, Curry de los Golden State Warriors es Dios: para el propio Steph, sin embargo, Dios es el que se manifiesta a través de sus canastas.

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"Antes que nada debo agradecer a mi señor y salvador Jesucristo por bendecirme con los talentos para jugar a baloncesto". Estas fueron las primeras palabras del don Stephen en el discurso de aceptación de su primer MVP, unas palabras que repitió el martes al recibir su segunda corona: "Obviamente quiero dar las gracias a Dios". Obviamente.

"Intento hacer una señal cada vez que anoto un tiro para predicar el mensaje a mi manera", ha explicado Curry. "Cuando entro a la cancha, la gente debería saber a quién represento". Foto de Mark D. Smith, USA Today Sports

Aunque es una de sus facetas menos exploradas, el actual ídolo de millones y millones de personas es un apasionado devoto de Cristo: "Soy su humilde sirviente y no puedo expresar cuán importante es la fe para mi juego y mi persona".

La relación de los deportistas de élite con las divinidades —pongamos por ejemplo a Lionel Messi, Muhammad Ali y Tiger Woods— no es nada nuevo, y menos en unos Estados Unidos donde, además de numerosos juguetes rotos, hay una larga tradición deportiva de atribuir los méritos propios a un ente superior.

Así que si le preguntáramos a Stephen Curry de que planeta viene, él respondería que del mismo que nosotros... "¿¡Y cómo explicas todo esto!?"

BREAKING: Stephen Curry reportedly expected to be named MVP for 2nd straight season this weekhttps://t.co/domKSpcu6E
— Bleacher Report (@BleacherReport) May 9, 2016

"Sin duda hay mucho ruido y fanfarria vayas donde vayas, pero sé de dónde viene mi talento", reconocía Steph a la revista evangélica Decision en 2014. "Sé por qué juego a esto, y no es para meter 30 puntos cada noche [uf, pues vaya suerte para los rivales] sino para utilizar el escenario en el que estoy".

La verdad es la siguiente: el discurso de Curry y la chapa con Dios es un pastelón comparado con su electrizante e imprevisible juego. "Me han puesto aquí con un propósito específico: ser testigo y compartir mi testimonio mientras hago mi travesía", reflexionaba el hombre de las mil y una maravillas.

Para los agnósticos, el toque divino del baloncesto del dos veces MVP no es un argumento verídico... aunque las palabras tampoco le hagan justicia. Cuando uno escucha a Curry hablar de su fe, eso sí, entiende por qué juega con tal confianza y por qué se atreve a hacer lo imposible.

The UNANIMOUS #KiaMVP @StephenCurry30 certainly gets his own CAREER #NBAMixtape! https://t.co/1Gd4HsODwk
— NBA (@NBA) May 11, 2016

"He visto a muy pocos jugadores con el nivel de confianza de Steph. La otra noche tenía un 0 de 10 en triples y cuando metió el undécimo se puso a bailotear... debes creer mucho en ti mismo para menearte con un 1 de 11", bromeó su entrenador Steve Kerr en la entrega del trofeo MVP. Hablaba del día en que volvió tras dos semanas de lesión para meter un récord de 17 puntos en la prórroga y 40 desde el banquillo.

Para Steph, la mano de Dos no es una jugada de Diego Armando Maradona, sino su muñeca derecha —un arma capaz de obrar milagros día sí, día también. Desde pequeño, Curry fue a escuelas cristianas —una de ellas fundada por su propia madre, Sonya— pero la religión era más una costumbre que una creencia.

Con 13 años, el joven Steph decidió convertirse al cristianismo y forjó las raíces del que ahora es atleta de primera, padre modélico y el yerno que toda suegra soñaría con tener: "Era una decisión importante que mis padres no podían tomar por mí. Ha sido un gran viaje desde entonces, Él lo significa todo para mí".

Detalle de las Curry One con una cita a su pasaje favorito de la Bibilia, Filipenses 4:13. Imagen vía Under Armour

"I can do all things..."

Cada día que salta al parqué, Stephen Curry viste varios detalles que reivindican sus creencias. En sus zapatillas aparece un versículo de la Biblia, el 4:13 de los Filipenses: "El 'puedo hacerlo todo a través de Dios' de mi zapatilla representa mi pasaje favorito de la Biblia. Es mi ADN... lo que yo soy", dijo Steph a The Christian Post.

Por la red circula una historia que atribuye el cambio de multinacionales por motivos religiosos —Steph pasó recientemente de Nike a Under Armour—, pero ni en la excelente pieza de ESPN sobre el tema ni en otras declaraciones del jugador hay una confirmación de los hechos.

Eso sí, Curry explicó al medio estadounidense que acabó de decidirse por su nuevo patrocinador cuando su hija Riley desechó las propuestas de zapatillas de Nike y Adidas y le entregó a su padre las UA.

También tuvieron mucho que ver los deslices inexplicables de Nike en su propuesta al jugador en 2013: un ejecutivo de la compañía se refirió al jugador como Stephon y en la presentación se les coló una diapositiva con el nombre de Kevin Durant. ¡Vaya genios!

A estas alturas, todos sabemos que es mejor hacer caso a la hija del MVP, la única capaz de robarle los focos a su padre... ya sea en las Finales de la NBA o en la rueda de prensa —amenazando con mucha ternura a los periodistas— de entrega del premio.

WATCH: SO CUTE! Riley Curry steals the spotlight from @NBA MVP @StephenCurry30 once again.https://t.co/9FnIRybbSV
— Good Morning America (@GMA) May 11, 2016

Otras muestras del profundo sentimiento cristiano de Curry son las pulseras que usa durante los partidos o un tatuaje en hebreo en su muñeca: "Soy mucho más que la camiseta, y ese es Cristo que vive dentro de mí", explicó el jugador a la revista Fellowship of Christian Athletes.

Si te pones está pulsera quizás puedas jugar como Dios. O no, yo qué sé. Imagen vía Fellowship of American Athletes

El tatuaje de Don Stephen ilustra otro pasaje bíblico, el 13:8 de los Corintios: "El amor nuca falla". Más allá de su fe, lo que está claro es que lo que tampoco falla demasiado es su puntería.

Desde un punto de vista empírico, para volver al terreno estrictamente deportivo, la temporada de Curry ha sido estratosférica. Los números indican que, además del MVP por unanimidad —algo que no lograron ni el dios Michael Jordan ni el resto de mortales—, Steph podría haber sido el jugador más mejorado de la NBA.

Para mí, que soy ateo, lo de Curry no tiene tampoco una explicación terrenal. Sin duda hay mucho trabajo, ética y persistencia en el juego del astro, pero hay un componente que se escapa de cualquier mente humana.

Ni los creadores de videojuegos han podido simular su estilo, por lo que durante unas horas permitirán que los aficionados puedan jugar con el jugador perfecto también en la realidad virtual.

Stephen seguirá predicando su mensaje divino y, pase lo que pase, incluso quienes no creemos en dioses seguiremos alucinando con las proezas de un tipo que marcará un antes y un después en la historia del baloncesto.

¿Y si Stephen fuera en realidad el nuevo enviado a la tierra de la familia de E.T.? ¿Cómo explicáis lo de la toalla, eh?

El autor está descubriendo que quizás no es ateo, ya que si uno cree en Curry quizás crea en los dioses... o a malas, en Twitter: @GuilleAlvarez41