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Warriors y Pelicans, David y Goliat

La primera ronda de los play-offs entre los Warriors y los Pelicans parece muy desequilibrada. Pero New Orleans tiene a Anthony Davis, y Anthony Davis lo cambia todo.

John Wilmes

Photo by Derick E. Hingle-USAT

La forma en la que Stephen Curry atraviesa bailando las defensas de la NBA no tiene sentido y a la vez es demasiado razonable. Su manejo sobrehumano del balón y su confianza a prueba de bombas le permiten desplazarse con una facilidad inaudita a través de sistemas defensivos de superélite especialmente diseñados para detenerle.

Sea contra equipos cerrados o abiertos, contra dos contra unos o contra zonas, Curry encuentra siempre los escasos centímetros que necesita para castigar al rival con su precisión desde la línea de tres puntos o para dejarle totalmente descolocado con su capacidad para filtrar pases al compañero mejor situado.

Los Golden State Warriors llevan meses jugando tan bien que la tarea más difícil a la que se han enfrentado esta primavera ha sido mantener la modestia; el mayor desafío de Curry este año, según parece, es mantenerse humilde a pesar de su espectacular y arrasadora genialidad.

Y los Warriors no han sido modestos. Es difícil ser humilde cuando eres capaz de dejar a Chris Paul por los suelos, y Golden State se ha envalentonado gracias a la magia de Curry, a las tácticas extraordinarias del entrenador debutante Steve Kerr, a la lengua de Draymond Green y al loquísimo cuarto de 37 puntos de Klay Thompson.

El equipo californiano camina en una finísima línea entre la fanfarronería y la arrogancia ahora que empiezan los play-offs, y difícilmente podría ser de otro modo. En el primer partido de la serie contra los New Orleans Pelicans, el único problema de Golden State seguramente fue haber volado demasiado cerca del sol y no temer ya ni a Dios ni a Anthony Davis como deberían. Y eso que hace apenas dos semanas el propio Davis les recordó el castigo que aguarda a aquellos que le subestiman.

New Orleans, luchando por su vida (bueno, por sus play-offs, en realidad), logró perturbar la inmaculada ruta de Golden State y superar a los californianos por 103 a 100. Davis sumó 29 puntos, 10 rebotes y cuatro tapones. Eso ocurrió después de que los Warriors supuestamente hicieran afirmaciones notablemente arrogantes antes del partido. "Salieron y dijeron que esto iba a ser un partido de exhibición", aseguró Davis. "De algún modo, nos lo tomamos de forma personal".

Davis, por supuesto, es el mejor jugador de 21 años que haya jugado en la NBA, desde LeBron James o desde siempre, dependiendo de la perspectiva. Si el juego rompe-esquemas de Curry es el futuro del baloncesto, los infinitos brazos y las habilidades ilimitadas del Unicejo son seguramente el producto final de su evolución.

Davis, de hecho, ha entrado en la reducida élite de jugadores capaces de producir estadísticas sobrenaturales con sus 31,06 puntos por partido. Se trata de la onceava temporada temporada con más anotación por partido de un jugador en toda la historia de la NBA: solo LeBron James, Michael Jordan y Wilt Chamberlain han logrado superar esta cifra.

Acostumbraos a ello, y luego seguid acostumbrándoos a ello. Foto de Derick E. Hingle-USA TODAY Sports.

La lista de cosas que Davis no puede hacer a nivel élite en una pista de baloncesto es muy corta y se reduce cada día. Presenciar la primera fase de su carrera de superestrella, liderando un equipo 'tapado' y jugando contra los gigantes de la competición, es una especie de rito iniciático –como Michael y sus 63 puntos contra los Celtics en 1986, como Durant y Westbrook contra Kobe y los Lakers campeones hace cinco años, como el propio Curry acorralando a los Spurs hace un par de años justo antes de hacerse un esguince en tobillo.

El sueño de los fans de los Pelicans (y de los 'haters' de los Warriors) es que el destino juegue un truco cruel y presenciemos una poética inversión del "We Believe" de Golden State en 2007. Ese equipo, como New Orleans, era un grupo humilde enfrentándose a una escuadra dominante liderada por una superestrella en un momento álgido: dirigidos por un Dirk Nowitzki en plenitud, los Mavericks contra los que tenían que enfrentarse los Warriors ese año habían ganado 67 partidos, los mismos que los californianos en la presente temporada.

La posibilidad de que una machada así se repita, aunque con Golden State como víctima en vez de verdugo, nunca se puede descartar: el equipo de Oakland, al fin y al cabo, no es invencible.

Dicho esto, no obstante, los Pelicans lo tienen tremendamente complicado: los Warriors seguramente ganarán la serie, y puede que incluso lo hagan con facilidad. Si su descaro les ha llevado hasta aquí, es probable que también les catapulte hacia las siguientes rondas de los play-offs. Es prácticamente imposible defender lo que hacen los Warriors en el perímetro, y los Pelicans no están equipados para ello: quizás sí los Spurs.

Pero Davis y sus infravalorados compañeros son un grupo fascinante, y cuando el jugador de Chicago está en forma –metiendo canastas imposibles cerca del aro, machacando alley-oops y anotando en segundas opciones que nadie habría siquiera imaginado–, lo que tenga alrededor importa bastante poco.

Las series entre Warriors y Pelicans puede que sean las menos igualadas de la Conferencia Este, pero a la vez son las más interesantes. Curry ya no es el héroe del pueblo, sino una superestrella, un jugador franquicia y un potencial MVP: una persona suficientemente famosa como para jugar con los perros del presidente Obama en la Casa Blanca. Los Warriors de Steph son Goliat, lo que deja el rol de David a Davis (perdón por el juego de palabras) y los Pelicans.

El equipo de New Orleans parece tenerlo todo en contra... pero no necesitas ser un creyente para creer que aún tienen una oportunidad.