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Las Flying Queens: el legado olvidado del equipo de baloncesto más exitoso de la historia

El equipo más exitoso de la historia del baloncesto femenino en Estados Unidos ganó 131 partidos consecutivos en cinco años. Hoy sin embargo, las Reinas Voladoras han sido olvidadas. Un nuevo documental aspira a reparar su abandono.

Leila Hawkins

Fotos cedidas por Flying Queens: A Basketball Dynasty

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Imagínate que cuando eres una niña alguien te dice que tienes que dejar los deportes porque si corres demasiado se te caerá el útero al suelo. Y no solo eso. También te cuentan que lo más probable es que nunca puedas ir a la universidad porque eres una chica, de manera que tus alternativas profesionales se limitan a ser profesora, enfermera o ama de casa.

Esa era la cruda realidad de los años cincuenta en Estados Unidos, cuando la ley conocida como Title IX, que prohíbe que ninguna escuela excluya a ningún alumno por su género, era apenas un parpadeo en el horizonte. Sería un grupo de chicas de las comunidades rurales del corazón de Estados Unidos las que dinamitarían aquella barrera.

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Ellas se convertirían en el mejor equipo de baloncesto femenino de todos los tiempos gracias a una marca sin precedentes —y todavía no superada— de 131 encuentros ganados consecutivamente entre 1953 y 1958. Se trata, sin embargo, de un pedazo crucial de la historia del deporte que tan solo conoce un número de personas escandalosamente irrisorio.

Las Flying Queens en 1956

Aquella formidable generación es hoy la protagonista del documental Flying Queens: A basketball dynasty, una película dirigida por la cineasta estadounidense Kellie Mitchell que detalla como aquel grupo de jugadoras cambió el destino del deporte femenino décadas antes de que se fundaran las ligas profesionales de baloncesto femenino.

Si bien hay mucha gente que no tiene problema en tachar las zonas más remotas del sur estadounidense y del medio oeste como lugares donde no existe la tolerancia, lo cierto es que fueron aquellas mismas comunidades las que desafiaron como nadie el sexismo que imperaba en la época para apoyar con orgullo a sus jugadoras. Así sucedió con la futura estrella de las Queens Kaye Garms. Sus padres eran pobres y no podían costear el desplazamiento de su hija hasta la universidad Wayland Baptist de Texas, donde se hacían las pruebas de selección a las Flying Queens.

Entrar equivalía a lograr una beca universitaria, y de conseguirla, la pequeña Garms tendría la carrera pagada gracias al baloncesto. Los vecinos de Garms hicieron una colecta para costear el desplazamiento de la joven jugadora desde su pueblo natal, Kingfisher County, en Oklahoma. Aquel día 45 chicas competían por una beca, pero fue Grams quien se la llevó. "Nunca había trabajado tan duro en mi vida", confiesa a Broadly la exjugadora, que jugó con las Queens entre 1955 y 1958.

Para entonces las Flying Queens ya se encontraban en plena racha victoriosa. "Nunca pensamos en perder", cuenta. "Lo único que pensábamos es que sabíamos que íbamos a ganar. Era solo una cuestión de cuánto esfuerzo y de cuánto tiempo nos llevaría hacerlo".

Algunas miembros de las Flying Queens posan con sus trofeos

Wayland era una de las dos universidades de Estados Unidos que ofrecían becas a mujeres en la época. A pesar de que se trataba de una institución religiosa enclavada en un pueblo pequeñito, tenía a un presidente progresista. "Las ideas del doctor James Marshall eran particularmente salvajes", cuenta Mitchell. "Consiguió levantar una universidad integrada en un momento en que todas las escuelas estaban segregadas. Y estamos hablando mucho antes de que arrancara el movimiento de defensa de los derechos civiles".

Marshall siempre fue un entusiasta de su equipo de chicas, y fue él quien se encargó de contactar con varios empresarios locales para que las patrocinaran. Entre aquellos se contaba Claude Hutcherson, el propietario de la línea aérea que prestó nombre al equipo: Flying Queens. Con Hutcherson como benefactor, las chicas pasaron de vivir en granjas desprovistas de agua a volar por EE.UU. en jets privados.

La mitad de aquel equipo estaba formado por chicas procedentes de comunidades campesinas de Oklahoma, una de las cunas proverbiales del baloncesto femenino. "Los estados del sur se volcaban con la presencia femenina en los deportes", explica Mitchell. "Ellas sentían que iban por libre y estaban muy entusiasmadas por tener una historia tan extraordinaria que contar, de alimentar las páginas de la prensa local".

Wayland se encargaba de enviar los resultados de los encuentros por correo a los periódicos, y los periodistas terminaron asistiendo a todos los partidos. Fue una época muy excitante — las Queens jamás soñaron con despertar tamaña cobertura mediática. Todas cortaron y pegaron las noticias de prensa que aparecían sobre ellas en sus álbumes de recortes.

Las Flying Queens coleccionaron victorias y hasta seis títulos nacionales universitarios durante su increíble racha

Entre bastidores las chicas se las ingeniaron para pasar por alto algunas de la absurdas normas de la época, como la que les prohibía vestir pantalón corto en el campus universitario. Una de las muchas revelaciones clásicas que muestra el documental es aquella en la que Joyce Kite —que jugó en el equipo entre 1955 y 1959— explica cómo las chicas tenían que llevar faldas por encima de sus pantalones cortos, que solo se podían quitar delante del público justo antes del comienzo del partido. "¿Qué advertiría más el público, a mí caminando por la cancha en shorts o cómo me quitaba la falda en mitad de la pista?".

Todas tenían prohibido bailar y jugar a las cartas en las habitaciones de la universidad, pero se lo tomaban con filosofía. "Los deportes ocupaban el corazón de muchas comunidades y la gente los apoyaba. La gente venía a vernos jugar. Y todos los niños venían también. Era un pueblo muy fiel", explica Garms.

Un total de 31 jugadoras participaron en la memorable racha de victorias. Finalmente, sería la universidad de Nashville Business la que conseguiría derrotarlas. Sucedió en un partido para el que se habían vendido todas las entradas y para el que tuvieron que contratarse los servicios de un equipo de seguridad para que lidiara con la gran cantidad de gente que acudió al pabellón.

La derrota no detuvo a las Queens, que siguieron jugando hasta que completaron sus respectivos programas de estudios universitarios de cuatro años. Después de su racha triunfal muchas se convirtieron en pioneras entrenadores y directivas de baloncesto. "Yo siempre les decía a mis jugadoras de instituto que de allí podían pasar al baloncesto preuniversitario, y de allí a la segunda división. Y luego a la primera. No importaba el nivel que tuvieran, importaba que sabían jugar y que podían conseguir becas para hacerlo", relata Judy Bugher, que jugó para las reinas entre 1955 y1958. "Quería brindarles las mismas oportunidades que tuve yo".

El equipo en 1957

Sus logros se consumaron cuando el acceso a los deportes era un sueño inalcanzable para la mayoría. Entonces todavía tendrían que pasar 20 años para que entrara en vigor la Title IX. "Las universidades tuvieron, finalmente, que empezar a ofrecer tantas becas a las chicas como masculinas", dice Mitchell.

Bugher asegura que ahora el único límite es el cielo, especialmente habida cuenta de la existencia de ligas profesionales como la WNBA. En cualquier caso, ella añade que las mujeres no cobran tanto como los chicos, "pero todo llegará".

En 1997 Violet Palmer se convirtió en la primera árbitro femenina de la NBA. Ella responsabiliza directamente a las Flying Queens de su logro; considera, de hecho, que sin ellas no hubiese sido capaz de convertirse en la pionera en que se ha convertido hoy. Y lo cierto es que las Flying Queens siguen inspirando a deportistas a día de hoy. En 2013 fueron incluidas en el Hall of Fame del baloncesto femenino. De manera que... ¿cómo se explica que el documental sea el primer relato digno que valora su relevancia?

Mitchell se ríe. "Fundamentalmente", explica, "por el sexismo de los medios". Se acuerda de una vez que estuvo ingresada en un hospital y hojeó una revista que hablaba de los mejores 50 atletas de la historia de Estados Unidos: por supuesto, no había ni una sola mujer en dicha lista.

Muchas de las Flying Queens han fallecido a día de hoy, y la mayoría de las que siguen con vida tienen de ochenta años para arriba. Mitchell cree que es importante que periodistas y atletas lo vean para entender lo mucho que lucharon para conseguir lo que consiguieron, para mantener su legado vivo.

Ellas asfaltaron el camino del deporte femenino de hoy. "Especialmente para toda la gente sin recursos ni posibilidades. Su historia se podría reducir en un lema que dijera 'no importa de dónde vengas: puedes hacerlo'". Y es también una forma de combatir fenómenos tan lamentables como la irrisoria cobertura mediática del 4% que se brindó a las competiciones femeninas durante los pasados Juegos Olímpicos de Río 2016, una celebración que también dio lugar a una insaciable cobertura sexista: basta con leer los titulares en cualquier idioma para comprender lo mucho que todavía queda por recorrer.

Puedes comprar el documental Flying Queens en Blu-ray en la página www.flyingqueens.com

Este artículo se publicó originalmente en Broadly.