Tomáš Satoranský y Sergio Rodríguez, pilares del juego ofensivo de Barcelona y Madrid la temporada pasada, ponen rumbo a la NBA. Imagen vía ACB Photo

¿Se puede evitar que América arrase Europa?

La NBA ha venido a Europa con sus miles de millones para dejar el continente totalmente seco. ¿Hay algo que hacer al respecto, o mejor lo quemamos todo y volvemos a empezar?

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jul. 20 2016, 12:10pm

Tomáš Satoranský y Sergio Rodríguez, pilares del juego ofensivo de Barcelona y Madrid la temporada pasada, ponen rumbo a la NBA. Imagen vía ACB Photo

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El exilio de los jugadores europeos a la NBA no es nada nuevo: lleva pasando desde siempre, de hecho. Lo que está sorprendiendo este año, sin embargo, es que a diferencia de otras épocas los norteamericanos lo están fichando todo. No solo los buenos, como antes, sino incluso los jugadores del montón se acaban yendo a EEUU y Canadá.

El caso de las figuras españolas, y también la de otros jugadores que militan en la liga ACB como si de estrellas fugaces se tratara, es quizás el más significativo de esta diáspora sin aparente solución.

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"¡Maldita NBA!", podrías pensar a bote pronto, dando toda la responsabilidad del problema a la pasta y al imperialismo yankee (?). Sería un error, sin embargo, creer que todo es culpa del Tío Sam y pasar por alto los numerosos factores internos que han contribuido al crecimiento de este problema.

El baloncesto europeo —y el español en concreto— lleva años bajo la amenaza de las emigraciones masivas, y en los últimos tiempos la crisis se ha acentuado. Esta crisis es económica, pero en realidad es más letal en términos de modelo y organización... como vienen diciendo desde hace años y años los ignorados clubes pequeños.

Tildar de 'pequeño' al Joventut de Badalona —todo un campeón de Europa en su época de esplendor— es quizás algo injusto, pero se ajusta a la cruda realidad actual. Lo que les pasa ahora al Barcelona Lassa o al Real Madrid es el pan de cada día de los modestos, es decir, la gran mayoría de equipos de nuestro país.

"En cierto modo, todos los equipos que estamos por debajo y formamos a jugadores hemos estado expuestos a esta misma fuga de talento de nuestros clubes a equipos más grandes", explica a VICE Sports Jordi Villacampa, presidente de los verdinegros.

"En este caso, Barça y Madrid se creían inexpugnables... y ahora se dan cuenta de lo que es sufrir la marcha de talento, en su caso a la NBA. Es lo que nos ha pasado durante gran parte de nuestra historia, y es complicado", añade.

Tomáš Satoranský, que decidió por sorpresa abandonar el Barça para ir a los Washington Wizards, fue el primer aviso; Sergio 'Chacho' Rodríguez, que cambió el Real Madrid por los Philadelphia 76ers, fue la confirmación de una tendencia acentuada. Ahora, nuestros grandes clubes son los nuevos modestos dentro del panorama mundial.

Willy Hernángomez y Sergio Rodríguez compartiendo cancha en el último amistoso de la selección española. Actualmente hay ocho jugadores NBA preseleccionados para los Juegos de Río. Imagen vía FEB

"He disfrutado mucho jugando en el Madrid, y no se trata de perder ambición por haberlo ganado todo. Creo que ahora era el momento. Es verdad que tuve alguna oportunidad de irme antes, pero entonces no me salía a cuenta", explicó el Chacho esta semana en un entrenamiento de la selección.

A la 'huida' del barbudo tinerfeño hay que sumar la de los hermanos Hernangómez —Willy a los New York Knicks y Juancho a los Denver Nuggets— y la de Álex Abrines, que pone rumbo a Oklahoma City con un contratazo de 16 millones de euros por tres años. La cifra convertiría al escolta mallorquín en el novato europeo mejor pagado de la historia, lo que indica la dimensión del asunto.

El año que viene habrá diez jugadores españoles en la NBA, una cifra récord que además ridiculiza los salarios en la ACB. Nuestros diez representantes cobrarán juntos más millones que la masa salarial acumulada de TODA la competición doméstica.

"La NBA tiene cada vez más dinero con los derechos de televisión y el nuevo convenio con los jugadores. La masa salarial les permite fichar a más jugadores europeos y es algo que afecta a los equipos fuertes de las ligas europeas. Aquí en España, el Barça y el Madrid notan ahora la fuga, pero creo que es algo a lo que hay que acostumbrarse", analiza Villacampa.

Álex Abrines es una promesa con mucho futuro, pero ni en el mejor de sus sueños hubiera imaginado aterrizar a la NBA con un contrato de 16 millones por tres años. Imagen vía ACB Photo

La resignación que muestra el presidente del Joventut es un buen ejemplo de las pocas opciones que el baloncesto europeo tiene para responder a este problema. "El nuevo tope salarial NBA es un palo grandísimo para Europa", opina Chechu Mulero, director técnico del Valencia Basket. A los 'taronja' se les escapa Justin Hamilton, que jugará dos temporadas con los Brooklyn Nets.

"Ya no se trata de las superestrellas, que antes ya se iban sí o sí: se trata del jugador que para ellos es una rotación. Antes, estos se se quedaban porque les resultaba más atractivo, tenían más minutos y muchas veces mejores contratos: ahora eso ya no ocurre", ahonda Mulero.

Otros ACB que se van a la NBA son Mindaugas Kuzminskas —del Unicaja de Málaga a los Knicks—, Davis Bertans —del Laboral Kutxa Baskonia a los Spurs— y Maurice Ndour, que pasará de agitar toallas en Madrid a cobrar 400 000 euros por un año con los Dallas Mavericks.

La temporada pasada ya cruzaron el charco tipos como Mario Hezonja y Nikola Mirotić. "Cuando eres más joven piensas en lo primero que te pasa por la cabeza, en lo que quieres hacer", apunta Rodríguez. La primera vez que el 'Chacho' puso rumbo a la liga norteamericana, las aventuras de los europeos en la NBA eran una auténtica lotería.

Rodríguez acabó volviendo a Europa, igual que su excompañero Rudy Fernández u otro de los mejores jugadores españoles de todos los tiempos, Juan Carlos Navarro. La 'Bomba' jugó un año con los Memphis Grizzlies, pero entre las dificultades deportivas y (especialmente) la falta de una apuesta firme en términos económicos, el catalán volvió a Barcelona tras solo un año en Estados Unidos.

"Cuando vas creciendo te das cuenta de que hacen falta más cosas... sobre todo no estar solo. Tienes una familia, así que deben darse las condiciones necesarias para tomar una decisión así. Creo que ahora se dan todas tanto en lo profesional como en lo personal", sentencia el 'Chacho'. No le falta razón: las condiciones se dan ahora gracias a la lluvia de millones del nuevo contrato televisivo.

Juan Carlos Navarro llegó a la NBA hipotecando su contrato: fue el octavo peor pagado esa temporada y la cláusula del Barcelona (que debía pagar de su bolsillo) no le permitió seguir en la liga norteamericana. Foto de Mike Cassese, Reuters

La retribución mínima de los jugadores ACB está entre los 18 000 y los 60 000 euros, mientras que el sueldo base de un rookie en la NBA es superior a los 500 000 euros. Esta cifra es inalcanzable para la mayoría de clubes europeos: en España, solo Barça y Madrid pueden permitirse pagar ese dinero... y siempre a un número reducido de jugadores. En la NBA, los jugadores de banquillo están cobrando hoy lo que cobraban las estrellas de la ACB hace un par de años.

El factor económico, además, no es el único a tener en cuenta. El atractivo de la NBA sigue siendo infinitamente superior: audiencias millonarias, un marketing de otra galaxia, coherencia entre el modelo organizativo y la competición... no, por supuesto no tenemos nada de esto aquí. Los líos administrativos, que llegan a imposibilitar los ascensos y descensos, son un buen ejemplo de la brutal diferencia entre ACB y NBA.

De hecho, la competición español no es capaz ni de llenar sus pabellones. El Palau Blaugrana —que ya de por sí es pequeño, con un aforo que apenas supera las 7 000 localidades— se llena cuatro o cinco veces por temporada... y eso que se trata de las instalaciones de un candidato al título.

Mientras en la NBA los mejores proyectos tienen espacio y tiempo para crecer —el ejemplo más extremo, sin duda, es el caso de Gregg Popovich y Tim Duncan, que han estado casi dos décadas juntos en San Antonio—, en Europa se cortan cabezas de entrenadores por una mala temporada y quedan muy pocos jugadores de club como Felipe Reyes o Navarro.

Para acabar de redondear los problemas internos, la última guerra entre la FIBA y la Euroliga por el control de las competiciones de clubes continentales ha acabado de agitar el 'cóctel de mierda' del baloncesto europeo. Es cierto que el nuevo formato de Euroliga, que reduce el número de equipos a 16 y crea una liga intercontinental 'cerrada', parece un acercamiento al modelo NBA, pero... ¿bastará?

¿Puede la Euroliga atraer a los mejores talentos europeos y evitar su fuga a la NBA? El nuevo modelo de competición espera conseguir eso, pero a la vez crea más divisiones en el panorama baloncestístico del continente. Imagen vía Reuters

Esto está muy bien, y quizás es la última opción de mantener algo de talento dentro de nuestras fronteras. Lo que está claro es que nunca se podrá competir con el dinero que pone encima de la mesa la NBA, que llegó a un acuerdo televisivo superior a los 22 000 millones de euros por nueve años mientras que la nueva Euroliga ingresará unos 800 millones por un período de diez años.

"Nosotros no competimos con la NBA ni en el mercado de televisión ni en otros aspectos económicos. Competimos en el mercado de jugadores", apuntaba Jordi Bertomeu, presidente de la Euroliga, tras anunciar el nuevo modelo de competición.

"Lo que tenemos que conseguir es que los jugadores tengan un proyecto interesante, porque es imposible que ganen el dinero que ganan allí. Que jugar la Euroliga les dé un plus, suponga un prestigio".

¿Puede Europa mantener su atractivo ante la 'europeización' de la NBA? De momento, no están cerca ni en lo deportivo ni en lo económico. Los aficionados al baloncesto de casa, dentro de lo posible, deberíamos hacer todo lo que está a nuestro alcance para dar valor a nuestras ligas; vamos, que deberíamos ir a los pabellones y mirar los partidos por televisión si queremos ver un espectáculo digno.

Si no es así, en pocos años el baloncesto español —y el europeo— serán un páramo y, a lo sumo, la mayor cantera mundial de la NBA. La única solución es encontrar un modelo conjunto entre ligas nacionales y supranacionales que trabaje para proteger los intereses del baloncesto europeo.

La pena es que vivimos en un país donde ponerse de acuerdo suena a utopía.

Sigue al autor en Twitter: @GuilleAlvarez41