Soy Leyenda: Michael Jordan

Michael Jordan no ha hecho nada destacable últimamente, pero nos da igual: siempre es buen momento para hablar del que muchos consideran el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos.

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feb. 17 2017, 7:18am

Photo by PA Images

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Aprovechando que es el cumpleaños de Mike, hemos decidido que es un buen momento para rescatar nuestro artículo de la serie Soy Leyenda, que bien podría llevar su nombre en forma de homenaje. Cualquier momento es bueno para rendir tributo a uno de los mejores atletas de todos los tiempos, y sin duda 'His Airness' es un fijo en esta categoría. 54 tacos ya MJ, cómo pasa el tiempo...

El Diamante de Esperanza

Michael Jordan es el Sueño Americano. Así, con mayúsculas. El suyo fue un ascenso espinoso trufado de innumerables encuentros con la adversidad. Jordan alcanzó la cúspide con los dedos ensangrentados: nada más llegar, firmó un gigantesco contrato millonario por sus derechos de imagen y siguió jugando hasta la extenuación (de sus rivales, claro).

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A pesar del histórico republicanismo de los estadounidenses, cuando hablamos de su cosa favorita —el entretenimiento—, lo cierto es que los americanos no pueden resistirse a la monarquía. Es inevitable: siempre tiene que haber un Rey. El Rey del Pop, o la Reina del Pop, o el Rey o Reina del Rock, o el Rey o Reina de los donuts, no importa: la monarquía siempre acecha. Jordan no podía ser excepción, y de hecho se inventó un mote nuevo para su majestad: His Airness, un vocablo intraducible que sonaría como 'Su Aireza' si intentáramos trasladarlo al castellano.

Ámanos como nosotros te amamos, Mike. Foto de PA Images.

Jordan no solo ofreció incontables noches inolvidables de baloncesto, sino que también dio un nuevo símbolo a la cultura del deporte: el '23'. Cualquier jugador que lo lleve a la espalda, desde LeBron James hasta Jonny Evans, Clint Dempsey o incluso David Beckham, está moralmente obligado a luchar por el fuego sagrado de la victoria. Es una responsabilidad.

Por si fuera poco, MJ aportó otro símbolo icónico (literalmente): la figura del hombre saltando con las piernas abiertas que se convirtió en el logo de la marca Air Jordan. En 2012, nueve años después de su última canasta, la línea Air Jordan sobrepasaba las ventas de la línea LeBron por seis veces en los Estados Unidos. "Ponte esas reliquias, niño, que te harán volar".

Bulls para siempre

Los Bulls de Chicago son la tercera franquicia más valiosa de la NBA. Solo dos históricos, Los Angeles Lakers y los New York Knicks, valen más dinero que el equipo de Illinois. Los Bulls logran ingresar más dinero por merchandising que la mayoría de otros equipos con títulos mucho más recientes; esa fue la última gran herencia de Mike.

Foto de Sue Ogrocki, Reuters

Vestir la camiseta de los Bulls aún hoy significa llevar el equivalente deportivo de la Sábana Sagrada para los fans del baloncesto. La vecindad del United Center de Chicago sigue presidida por la estatua de Jordan conocida como 'The Spirit': quizás sí que el espíritu de la leyenda, enfundado en su camiseta con el '23' a la espalda, siga influyendo decisivamente en los partidos que se disputan dentro del recinto.

Creo que es precisamente esto lo que convierte a Jordan en atractivo. Mike es un espíritu, una inspiración que despierta algo en el interior de cada uno de nosotros; su figura nos hace creer, nos levanta la moral y nos permite pensar que sin nosotros nuestro equipo no es nada. Al fin y al cabo, Jordan ganó tres Campeonatos de la NBA consecutivamente de 1991 a 1993; después se retiró, los Bulls no ganaron, regresó y los Bulls ganaron otros tres seguidos. Ahí tiene que haber algo. O, al menos, nos esforzamos en verlo, y mientras lo buscamos nos superamos a nosotros mismos.

Y además, bueno, está Space Jam. Muchos, muchísimos niños de los noventa jamás hubieran tocado una pelota de baloncesto si Bugs y Lola no hubiesen jugado ese partido con Jordan frente a los Monstars.

El momento: Delta Center, 14 de junio de 1998

Phil Jackson, el entrenador que "casualmente" pasó por los banquillos más ganadores de la NBA entre 1990 y 2010, habla con pasión sobre el poder semi-místico que se apodera de los grandes jugadores en los momentos clave. Pocas veces esto ha sido más claro que el día 7 de mayo de 1989, cuando Michael Jordan metió 'The Shot' contra los Cleveland Cavaliers. Sin embargo, hay un momento de la carrera de Mike que para mí es aún más definitorio: su último tiro como Bull.

Pongámonos en situación. Sexto partido de la serie entre Utah y Chicago: los Bulls lideran el global por 3-2. Quedan 17 segundos y los Jazz ganan por un punto. Jordan recupera el balón... y en ese momento puedes sentir a lo que Jackson se refería cuando hablaba de ese poder. Fue como si todo hubiera sido meticulosamente preparado para que Jordan recibiera, levantara la cabeza, calculara su jugada, gastara algo de tiempo, y... bueno, esto:

Acto seguido, Jackson lo abrazó y le dijo: "Dios mío, eso fue hermoso". Phil parecía una especie de hippy enamorado.

Y qué queréis, no es para menos.

Declaración final

- Sí, buenas noches. Empezamos el turno de preguntas con el caballero del fondo....
- Sí, hola, gracias. Díganos, Sr. Jordan: ¿qué piensa de LeBron?
- Yo era mejor.
- ¿Y qué tal Kobe?
- ¿Quién?
- Kobe Bryant.
- Ah, sí, claro...Yo era mejor también. ¿Acaso él dijo que no lo fui?

Es difícil imaginar que pueda haber un retiro feliz para alguien con el estado mental que alcanzó Jordan para ser quien fue. Su rostro de ahora, más envejecido, no le permite mentir: dedicarte a jugar al golf y a hundir franquicias de la NBA no es suficiente aliciente cuando te has pasado media vida pegándote con Patrick Ewing, Charles Barkley y Karl Malone bajo los aros. En una entrevista reciente, Jordan estuvo a punto de usar su silla para hacerle entender al entrevistador su punto de vista: aún le queda algo ahí.

Jordan pone buena cara, pero por dentro probablemente estamparía el atril contra la pared. Foto vía PA Images

Cuando era el número 1, la sonrisa de Jordan podía iluminar los pabellones. Siempre hubo algo feroz y desconcertante en ella: uno de mis clips favoritos de MJ es cuando provoca a Dikembe Mutombo, uno de esos jugadores gigantescos que por alguna razón son incapaces de anotar tiros libres, al mostrarle cómo encestar con los ojos cerrados. Lo hizo bromeando, una broma de un chico que se ríe de tus debilidades, con inocencia... pero también con cierta malicia.

Mike, sin embargo, también tiene debilidades. Apostar es una de ellas. Ahí está el caso de 'His Airness' apareciendo en el The New York Times tras de ser visto en un casino de Atlantic City jugando a póker a las dos de la mañana el día antes del partido de las Finales de la Conferencia Este. Muchos esperaban que al día siguiente no se notara nada: se equivocaron. Michael es humano a pesar de todo.

"Si los Bulls ganan... Jordan debe ser lo que es. El Superman del baloncesto, más grande que la vida y más ligero que el aire", razonaban muchos. El día después del póker Michael no fue ninguna de ambas cosas: fue solo un ser humano cualquiera, cansado y con la mente adormilada tras estar jugando a cartas hasta altas horas de la noche. Los Bulls perdieron el partido y se pusieron 2-0 abajo en la serie.

Lo legendario de Jordan es que dejó las cartas, volvió a la serie y los Bulls ganaron 4-2. Al volver desde Portland tras la última victoria, Michael volvió a apostar, pero esta vez con sus compañeros: les jugó 50 dólares a cada uno a que su equipaje saldría primero. Jordan jugaba con ventaja porque había sobornado a los encargados. Su reputación se restableció. Michael es humano, pero es Jordan. El Diamante de Esperanza siempre ha colgado de su propia cadena.

P.D. Hay que meterse, por cierto, en los zapatos de sus compañeros para comprender que la relación con Mike no debió ser fácil. Pongamos el caso de Steve Kerr, ahora técnico ganador pero suplente habitual en esa época. Para alguien como él, pagarle 50 dólares a Jordan deja de ser una apuesta para convertirse en una especie de tributo, un agradecimiento por permitirte jugar en su equipo —el equipo que gana títulos. Como dijo un tipo en Internet llamado Julian Kimble: "Ser amigo de Jordan es el mayor desafío de todos: no en vano lo ha creado un hombre obsesionado con ellos".

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