Soy Leyenda: Fernando Redondo

En los años 90, un futbolista argentino se convirtió en el dueño absoluto del centro del campo del Real Madrid y llevó al conjunto blanco a la gloria europea por primera vez en 32 años. Seguro que recuerdas su nombre.

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mar. 15 2016, 3:55pm

Imagen vía Reuters

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La serie Soy Leyenda vuelve con el recuerdo de un centrocampista legendario, una figura imprescindible en el fútbol español de los años 90: Fernando Redondo. Tenéis las entradas anteriores de la serie aquí.

El último gran centrojás

En Argentina existen multitud de mitos alrededor del fútbol. Hay dos, sin embargo, que destacan muy por encima de los demás. El primero es, por supuesto, el enganche, el '10': la posición que en Europa por alguna razón misteriosa llamamos 'mediapunta', como si se tratara de un delantero que ha perdido la mitad del cuerpo o algo similar. No hace falta que te hable de ella, porque seguro que la conoces bien.

El otro mito es, claramente, el centrojás. Se trata de un vocablo de procedencia inglesa (center-half) que aquí conocemos como 'mediocentro'. La posición, en el imaginario del fútbol sudamericano, es sencillamente imprescindible: es el pegamento que une defensas y delanteros. Sin centrojás no hay equilibrio, y sin equilibrio no hay fútbol.

Y si alguien ha encarnado la figura del centrojás en las últimas décadas, este ha sido Fernando Carlos Redondo Neri.

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Te hago un pequeño resumen biográfico: Redondo nació en la ciudad argentina de Adrogué, a una veintena de kilómetros de Buenos Aires. De pequeño dio sus primeros pasos en el fútbol sala y de ahí saltó a las categorías inferiores de Argentinos Júniors —la misma entidad que había hecho debutar a Diego Armando Maradona en Primera.

En 1990, un ilustre bigotudo de nombre Xabier Azkargorta lo trajo a España. En principio, el técnico vasco quería a Pedro Troglio para su CD Tenerife, pero una lesión del entonces jugador de la SS Lazio —y una oportuna intuición de su entrenador asistente, Jorge 'el Indio' Solari— terminaron con Redondo en las filas del club insular. Pocas veces un 'plan B' había sido más rentable.

Los logros del Eurotenerife de principios de los 90 fueron inolvidables: el equipo insular se midió a los más grandes... y los venció. Aquí, la victoria blanquiazul por 2-1 sobre la Juventus de Turín en la Copa de la UEFA 1993-94.

Como aficionado culé siempre recordaré la sonada victoria del Tenerife frente al Real Madrid en la última jornada de la temporada 1991-92. Al año siguiente, ya con Jorge Valdano al frente del equipo, el club insular no solo logró alcanzar la Copa de la UEFA, sino que además desafió a la historia y dio otra liga in extremis al FC Barcelona de la forma más imprevisible que pudiéramos imaginar.

Evidentemente, el club blanco decidió que aquello no podía ser y de una tacada se llevó al técnico y a la estrella del equipo tinerfeño: Valdano y Redondo saltaron de las Canarias a Madrid. Corría el verano de 1994 y el Dream Team del Barça se estaba desintegrando: amanecía una nueva era para el fútbol español... y Redondo iba a ser uno de sus mayores protagonistas.

Príncipe del fútbol, Dios del centro del campo

En Madrid, Redondo se puso el '6' en la camiseta y el equipo a la espalda. Con Valdano sumó una Liga, la primera del conjunto blanco tras los años de dominio del Barça de Johan Cruyff; no obstante, tras una temporada sin títulos debido al doblete del Atlético de Madrid de Radomir Antić, el equipo madridista decidió relevar a Valdano. Fabio Capello fue su sucesor.

Al principio, a Capello no le cayó bien Redondo y a Redondo no le cayó bien Capello. Para el técnico italiano, que venía de jugar con Marcel Desailly y Demetrio Albertini en la media del portentoso —pero rácano— AC Milan de los Invencibles, tener a un jugador que aunara la creación y la recuperación era difícil de concebir: con Fabio o destruías o generabas, pero ambas cosas no.

Fernando Redondo con Mauricio Pochettino y Diego Simeone. La rebeldía de Redondo le gastó una mala pasada con Argentina: el seleccionador albiceleste, Daniel Passarella, le descartó porque se negó a cortarse el pelo. Historias. Imagen vía Reuters

¿Cómo iba a caber un centrocampista de mirada al frente, pie izquierdo exquisito y conducciones irresistibles en el rígido esquema del técnico italiano? Solo un auténtico Dios del centro del campo podría convencer al exigente Capello. Y Fernando, el Príncipe del fútbol, lo era.

A pesar de las reticencias iniciales, pronto Capello y Redondo lograron entenderse. El entrenador italiano había aterrizado en Madrid en un año importantísimo para el fútbol europeo, la temporada 1996-97: la Ley Bosman acababa de entrar en vigor y el panorama había cambiado para siempre. Frente al Barça de Ronaldo Nazário, el Madrid aguantó el tirón y ganó la Liga con 92 puntos, todo un récord para la época.

Aun sin saberlo, algo muy grande se estaba gestando en Concha Espina.

El titán de Dortmund

La temporada 1997-98 fue muy extraña. Capello se marchó del Real Madrid y en su lugar aterrizó Jupp Heynckes; el club blanco apenas incorporó jugadores —Christian Karembeu y Sávio fueron los grandes fichajes del año—. El Barça, por su lado, perdió a Ronaldo —jamás te lo perdonaré, Núñez, jamás—, pero trajo a Rivaldo en su lugar; Sir Bobby Robson fue sustituido por Louis Van Gaal.

Los azulgrana empezaron con dudas, pero pronto se encaramaron al liderato de la liga. De hecho, terminaron la campaña con un doblete mientras el Madrid acababa cuarto en la Liga. Teóricamente, tenía que ser un año culé...

...pero, en cambio, estaba destinado a ser una campaña que los aficionados del Real Madrid no olvidarían jamás. Y gran parte de la culpa la tuvo Redondo y su increíble, indescriptible, fútbol en la Champions League.

Hazme caso: si nunca tienes que explicar quién era Fernando Redondo, mírate los dos partidos que jugó el argentino frente al Borussia Dortmund en las semifinales de la Champions 1997-98... y no precisamente por el famoso episodio de la portería previo a la ida en el Santiago Bernabéu.

Fernando Redondo pugnando por el balón con Lars Ricken en las semifinales de la Champions League de 1998. Una leyenda. Imagen vía Reuters

En esas semifinales, el Madrid venció por 2-0 en la ida en el Bernabéu con goles de Fernando Morientes y Christian Karembeu. En la vuelta no hubo goles.

A ningún madridista le importó.

Después de 17 años, el Madrid volvía a estar en una final de la Copa de Europa. Redondo había sido el gran héroe: sencillamente, el argentino lo había hecho todo bien. Fernando dio un recital de pases acertados, de regates certeros y de conducciones que rasgaban al rival en dos como si de un fino papel se tratara.

La final frente a la Juventus terminó 1-0 con un famoso gol de Pedrag Mijatović. El Madrid volvía a ser campeón de Europa 32 años más tarde. El equipo al que Capello había dado alma reinaba en el continente.

Fernando Redondo era el mejor mediocentro del mundo. Solo Pep Guardiola podía, quizás, tal vez, comparársele.

El momento: Old Trafford, 19 de abril de 2000

A pesar de que seguramente los dos partidos frente al Borussia Dortmund fueran el clímax de la carrera de Redondo, el momento más recordado de su periplo en Madrid —y quizás de su carrera—llegó dos años más tarde, en Inglaterra.

En los cuartos de final de la Champions League 1999-00, el Real Madrid quedó emparejado con el Manchester United, vigente campeón de la competición. En la ida en el Bernabéu, el partido acabó 0-0: todo quedó por decidir en la vuelta, el 19 de abril de 2000 en Old Trafford.

No creo que haga falta que te describa el partido. Déjame solo decir que el Madrid ganó por 2-3... y que, en el minuto 52, pasó algo que es mejor ver que describir con palabras. Esto:

Declaración final

"Me quedé fascinado con él. A todo lo que se le presuponía, que iba un paso más allá de los demás, unía el ser un jugador tácticamente perfecto"

Fabio Capello, entrenador escéptico convencido

Redondo se marchó del Real Madrid al AC Milan en el año 2000, aunque en la ciudad lombarda su rendimiento no estuvo nunca a la altura del demostrado en la capital española.

El argentino, no obstante, volvió al Bernabéu en un partido de la fase de grupos de la Champions League en la temporada 2002-03. El coliseo blanco le dedicó una ovación cerrada cuando fue sustituido en la segunda mitad por... Andrea Pirlo.

¿Podría imaginarse un final más poético?

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