Photo by Patrick J. Barrett

Juventud y valentía: una conversación con Max Verstappen

Ha dinamitado todos los registros en precocidad y ya no queda casi nadie en la F1 que no crea que su primer título mundial es solo una cuestión de tiempo.

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23 noviembre 2016, 7:23am

Photo by Patrick J. Barrett

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A menudo se dice que la edad es solo un número. Si alguien es lo suficientemente bueno es, por lo general, porque es lo suficientemente mayor para serlo. Pero el mundo del deporte es abundante en jóvenes talentos y cada temporada irrumpe alguna estrella precoz en cualquier disciplina para cuestionar el orden establecido.

Sucede que, también a menudo, los números se apuntalan con experiencia: mejorar tus conocimientos, aprender de tus errores y descubrir qué es lo que funciona y lo que no son los factores determinantes que acompañan a esas cifras. Convertirse en maestro de cualquier cosa es una dedicación que lleva años. Y la Fórmula 1 es una carrera de fondo.

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Max Verstappen, pese a todo, sigue empeñado en dinamitar todos los registros de precocidad. Hace solo dos años era el niño prodigio de la F1. Y en 2015 se convirtió en el corredor más joven de la historia en comparecer en la parrilla de salida: debutó en Australia, en 2015, con 17 años. En mayo de este año se convertiría en el corredor más joven en conquistar un Gran Premio: ganó en Montmeló a los 18 años y 228 días de existencia. Lo hizo en su primer Gran Premio al volante de un Red Bull Racing, después de haber competido durante un año al lado de Carlos Sainz Jr. en Toro Rosso, la hermana pequeña de Red Bull. Lo más escalofriante de la victoria del prodigio holandés fue la calma con que se impuso: fue como ver a un tipo que llevaba décadas pilotando.

Sin embargo, basta con charlar un rato con él para que los números, realmente, desaparezcan. En el caso de Max, el 19 es, simplemente, una cifra.

Verstappen viene de una familia de pilotos. Su padre, Jos, disputó 106 grandes premios entre 1994 y 2003. Logró subirse al pódium en dos ocasiones, y llegó a ser pareja de Michael Schumacher, durante un corto periodo de la temporada 94, al volante de un Benetton.

Imagen vía Red Bull Content Pool

Claro que puestos a buscar raíces familiares, las de sus madre son todavía más sorprendentes: Sohpie Kumpen conquistó múltiples campeonatos mundiales de karts. Y su abuelo materno, Paul Kumpen, fue campeón de rallys, una gloria que también conocería el tío de Verstappen, el hermano de su madre, Anthony Kumpen.

Así que el primer recuerdo de la F1 de Max no es ver un G.P. por la tele, precisamente.

"Yo tenía 3 o 4 años. Estaba sentado en el Fórmula 1 de mi padre", recuerda. Más o menos por aquella época conocería su primer go-kart. "Tenía cuatro años. Estaba tan ansioso por empezar que me dejé el casco puesto todo el día".

"Me he criado en una familia relacionada con el mundo del motor", abunda. "Ellos han sido determinantes, sobretodo mi padre, con quien he viajado un montón. Él era mi ingeniero, el mecánico de mi bólido, el responsable de su puesta a punto. Lo hemos hecho todo juntos. Él es fundamental en mi vida".

A pesar de que Max ya ha rebasado el CV de su padre, sus consejos siguen siendo una de las claves de su éxito.

"Siempre me dice que hay cosas que mejorar, aunque haya hecho una gran carrera", cuenta Max.

Jos Verstappen (derecha) celebra su pódium junto a su compañero de equipo en Benetton, Michael Schumacher, y con Damon Hill (Wiliams). Imagen vía PA Images

La presencia de su padre y su precocidad provocaron que todo el mundo tuviera bastante claro que el pequeño Max iba a terminar en la F1 cuando todavía era un mocoso. Las fotografías en las que se le ve con apenas 4 años junto a Michael Schumacher, o incluso junto a Jenson Button (un corredor contra el que su padre llegó a competir y contra quien compite ahora él) delatan esa precocidad y ese destino.

Verstappen aprendió, como todo piloto, en los karts. Ganó innumerables campeonatos domésticos e internacionales. Según él, "el 80 por ciento" de lo que aprendió pilotando a cinco centímetros del suelo es aplicable a la F1. "Luego te haces mayor y mejoras, pero lo fundamental se aprende en los karts". Max pasó casi inmediatamente de los karts a las F1, tras una efímera y fulminante temporada en la Fórmula 3 — en la que ganaría 10 carreras —. Después de aquel paseo triunfal, Toro Rosso, la escudería hermana de Red Bull Racing, le abrió sus puertas.

"Creo que todos los saltos son importantes", dice en alusión a su meteórica ascensión. "Pero para mí el salto más grande fue el de la F-3 porque no tiene nada que ver a conducir un kart. Te tienes que adaptar, tienes que aprender a pilotar, a frenar y a negociar los trazados".

La llegada de Verstappen a la F1 en 2015 llevó a algunos a compararle con Kimi Raikkonen, quien había debutado una década antes saludado por su insólita precocidad. El finlandés lo hizo a los 22 años, pero tras disputar incluso menos carreras en la F-3 que Verstappen. Al igual que sucedió con Raikkonen, muchos creyeron que al joven prodigio holandés le faltaba experiencia para dar el salto. En ambos casos, de hecho, se sugirió que se les prohibiera el debut. Una sugerencia que ambos dinamitarían en muy poco tiempo.

Verstappen celebra su primera victoria en la F1 ante la mirada impasible de Kimi Raikkonen. Imagen vía PA Images

Verstappen y Raikkonen se han visto unidos de manera casi magnética a lo largo de la presente temporada. Hoy son el benjamín y el más veterano de los pilotos de la parrilla. Y ambos comparten una fascinante rivalidad competitiva. Cuando Verstappen conquistó la victoria en el Circuit de Catalunya, lo hizo tras superar a Raikkonen en las últimas vueltas. Desde entonces ha protagonizado varios duelos. El finlandés, de hecho, ha criticado la estrategia defensiva del tulipán, especialmente en el G.P de Bélgica.

Verstappen, pese a todo, no diferencia su rivalidad con Raikkonen de la que le enfrentaba a los corredores de karts o a los de la F-3. "Es muy parecido" asegura encogido de hombros. "Sí que es verdad que aquí han ganado campeonatos mundiales y todo eso, pero como piloto no es algo que marque las diferencias. Tienen más experiencia, pero todo el mundo es igual".

Este tipo de opiniones son las que han provocado que se le compare con Schumacher y con Senna. Ambos corrían con todo y hacían poco caso de las reputaciones, especialmente cuando florecieron como pilotos. Ambos ganaron a edades prodigiosas, y nunca dejaron de despertar controversias. La verdad es que no cuesta demasiado imaginarse a Verstappen emulando sus pasos.

Así que no es de extrañar que el joven holandés se haya convertido en el auténtico hype de la F1. Como ganador más joven de la historia que es ha despertado enormes expectativas. Además, competir al volante de un Red Bull ha despertado también el permanente escrutinio mediático. Solo tiene 19 años y lidia con unos niveles de presión descomunales, en un deporte que no perdona.

"Procuro no pensar demasiado en ello" afloja con aplomo. "Me concentro en lo que tengo que hacer en la pista. Lo que viene luego, pues dejo que venga".

Foto de Patrick J. Barrett

El hype es incuestionable y por mucho que sea imposible ignorarlo, lo cierto es que Verstappen ha pilotado de manera escalofriantemente cómoda durante su primera temporada al volante de un F1. La compostura con que se proclamó campeón en Montmeló parece apuntar a un auténtico campeón. Y no parece exagerado afirmar que ese será su destino.

Todo los indicadores lo delatan: es rápido desde la primera vuelta, indiferente a las reputaciones, implacable y prácticamente imperturbable, y son muy pocos en la F1 los que no esperan que se proclame campeón mundial. Su confianza en sí mismo es ciega. "Tenemos que conseguir que suceda", asegura como si hablar de pasar un fin de semana en la playa.

Si Verstappen consigue adjudicarse su primer campeonato en los próximos años, podría arrebatarle a Sebastien Vettel el honor de convertirse en el campeón más joven de la historia, y también el título de niño prodigio de la F1 y hasta el niño mimado de Red Bull.

"Yo nunca pienso en esas cosas", asegura. "Yo quiero convertirme algún día en campeón del mundo, pero me da igual ser el más joven. Sería bonito, pero no pienso en ello".

La edad, como dicen, es solo un número.

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