La mujer que revolucionó el maratón escondiéndose tras un arbusto

En 1966, Roberta 'Bobbi' Gibb demostró que las mujeres eran perfectamente capaces de completar una maratón... y, de paso, dejó a los organizadores de la Maratón de Boston con un palmo de narices.

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abr. 21 2016, 6:55pm

Photo: YouTube

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Vestida con la sudadera de su hermano y unas bermudas para disimular su feminidad, Roberta Gibb se escondió detrás de unos arbustos en la calle Hopkinton, muy cerca de la salida del maratón de Boston. Tras el inicio de la carrera, cuando ya había pasado el grueso de los competidores, ella salió de su escondite y se unió a la manada.

Corría el 19 de abril de 1966 y era la primera vez que una mujer corría en medio de una carrera de hombres. "Pensé que me iban a arrestar o que me echarían", explica Roberta Bobbi Gibb, que ahora tiene 73 años. "Pero, ¿cómo podemos demostrar que somos capaces de hacer algo si no nos dejan hacerlo?"

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Cuando cruzó la línea de meta tres horas y 21 minutos más tarde, Gibb, que entonces tenía 23 años, se convirtió en la primera fémina en correr el prestigioso maratón de Boston.

Este año la mítica prueba celebró el cincuenta aniversario de la gesta con más de 14.000 mujeres inscritas: la mayoría nunca habría imaginado que correr el maratón más antiguo del mundo estuvo prohibido para las chicas durante muchos años.

"He competido en un deporte profesional durante veinte años y solo he conocido la igualdad", reflexiona Deena Kastor, atleta olímpica y plusmarquista estadounidense del maratón. "Estoy eternamente agradecida por el valor de Roberta, que dio un paso hacia lo desconocido en aras de perseguir su pasión. Es una superheroína, una pionera y una líder de nuestro deporte".

Afortunadamente, a día de hoy nadie imaginaría la posibilidad de excluir a la mitad de la humanidad de una carrera. Foto de Brian Fluharty, USA TODAY Sports

En los años sesenta, la situación era muy distinta. Las mujeres no corrían en público y, en caso de hacerlo, lo hacían en distancias cortas. En 1966, la carrera femenina más larga aprobada por la Unión Atlética Amateur (AAU) era de dos kilómetros y medio. En los Juegos Olímpicos el umbral para las mujeres era incluso menor: 800 metros.

Pero a Gibb le gustaba correr. De pequeña solía salir a trotar por el bosque cercano a la casa de sus padres en Boston. En la escuela estudiaba matemáticas, física y química; cuando corría, pensaba en átomos y moléculas.

En el bosque, Bobbi se sentía ligada a la naturaleza y daba zancadas liberada de la presión social y los estereotipos. Para Gibb, correr era vivir, un viaje espiritual de la mente y el cuerpo.

Bobbi no sabía nada acerca de los deportes o las carreras de competición, pero en 1964 presenció el maratón de Boston con su padre. "No estaba pensando en si eran hombres o mujeres. Me enamoré del maratón, supe que era mi destino. Nunca dudé a pesar de que estaba terriblemente mal visto por la sociedad", recuerda.

Una lesión le impidió intentar colarse en el maratón en 1965, pero al año siguiente había entrenado y se sentía lista para cumplir su sueño... así que escribió una carta a la Asociación Atlética de Boston (BAA), organizadora de la carrera, solicitando una inscripción oficial.

Su entusiasmo se transformó rápidamente en frustración cuando recibió la respuesta con su solicitud denegada. "Las mujeres son fisiológicamente incapaces de correr un maratón y no se les permite entrar en una carrera para hombres", decía la carta.

Gibb se enfureció. Llevaba años entrenando y sabía que era perfectamente capaz de cubrir la distancia. De repente, el maratón se convirtió en una oportunidad única para hacer una declaración de intenciones y demostrar que los prejuicios eran totalmente erróneos.

"Mi esperanza era que si podía correr la carrera, y además hacerlo bien, podría cambiar la forma de pensar de la gente respecto a las mujeres y podría derrumbar por completo los estereotipos", reflexiona Gibb. "Así se abriría un interrogante más importante: ¿qué más pueden hacer las mujeres?".

En Estados Unidos, la Decimonovena Enmienda había garantizado a las mujeres el derecho a voto en 1919, pero poco más había cambiado en la relación de géneros en la primavera de 1966. La National Organization for Women se fundó ese mismo año con el propósito de luchar por la igualdad completa entre hombres y mujeres.

Las mujeres todavía eran consideradas "débiles, tontas e intrascendentes", en palabras de Gibb. Si trabajaban, la mayoría eran secretarias o amas de casa. Cuando Gibb fue a una entrevista para la escuela de medicina le dijeron que era demasiado guapa y que sería una distracción para los muchachos.

Por aquel entonces se esperaba que las mujeres se casaran y tuvieran hijos... y ya. Desde luego, no se esperaba que fueran a correr maratones. No obstante, y a pesar de saber que no sería bienvenida, Gibb estaba decidida a participar.

Su padre estaba enfadado con su plan para participar en el evento; pensó que estaba delirando y que podría hacerse daño. Su madre, en cambio, le preparó un asado para cenar y accedió a llevarla a la línea de salida a la mañana siguiente.

"Le dije a mi madre que iba a ayudar a liberar a las mujeres", comenta Gibb. "Esa frase le llegó muy adentro porque era una mujer hermosa, inteligente y con talento que nunca pudo alcanzar todo su potencial".

Bobbi Gibb, cerca de la línea de meta en el maratón de Boston en 1966. Imagen vía YouTube

Gibb no sabía qué esperar ese día cuando se unió a más de 500 hombres que corrían el maratón, pero rápidamente se dio cuenta que los compañeros que corrían a su lado eran acogedores y la alentaban.

"Siempre bromeo con el hecho de que yo era un niño flaco y friki que no podía conseguir ni una cita: ¡pues claro que los hombres querían a mujeres en la carrera!", comenta Ambrose Amby Burfoot, ganador del maratón de Boston en 1968 y autor de First Ladies of Running. "Los runners éramos una pequeña minoría. Cualquier cosa que pudiera ayudar al crecimiento de nuestro deporte y nos hiciera parecer menos 'bichos raros' era bienvenida".

Con el calor apretando a los corredores, Gibb se resistía a quitarse la sudadera y revelar su cuerpo de mujer. Los hombres que la acompañaban la animaron a hacerlo y le dijeron que la protegerían ante cualquier problema.

Cerca de la línea de meta de la calle Boylston, el dolor apareció en la ecuación: era la primera vez que corría tanto rato con zapatillas deportivas —que además eran nuevas— y sobre asfalto, ya que sus entrenamientos los hacía en caminos por el bosque.

En la actualidad es normal ver a participantes de ambos sexos en las carreras de running, pero en los años sesenta no era así en absoluto. Imagen vía Flickr

"Yo sabía que debía terminar", recuerda Gibb. "Tenía una gran responsabilidad. Había ido a demostrar que las mujeres podían correr, pero si no lograba terminar retrasaría el cambio cincuenta años más". A esas alturas, todo el mundo sabía que había una mujer en carrera y toda la prensa la esperaba en la línea de meta.

Después de ir gran parte de la prueba a un ritmo para bajar de las tres horas, los últimos kilómetros se convirtieron en una tortura. Cuando avistó la línea de meta iba de puntillas y con los pies sangrando: una gran multitud la esperaba.

"Era exactamente lo que quería", explica Bobbi, que terminó por delante de dos terceras partes de los competidores.

Al día siguiente el Boston Globe tituló en su segunda página: "Una chica acaba el maratón". La actuación de Gibb fue noticia en todo el país, pero fue tratada más como un hecho curioso que como un resultado serio.

Un fotógrafo de prensa que visitó la casa de su padre le pidió que se pusiera un vestido. "Para la gente fue difícil yuxtaponer el estereotipo de la mujer que hace tartas en la cocina con la imagen de una mujer compitiendo con fuerza y libertad. No terminaban de creérselo".

"Boston no estaba preparada para ver a una ama de casa rubia salir de los arbustos para aplastar el ego masculino", publicó Sports Illustrated el 2 de mayo de 1966. "Su rendimiento deber servir para eliminar la anticuada idea de que una mujer es demasiado frágil para las carreras de larga distancia", escribió el periodista Gwilym S. Brown.

La organización optó por negar la evidencia. "Gibb simplemente cubrió la misma ruta que la carrera oficial mientras esta estaba en curso, pero ninguna chica ha corrido jamás en el maratón de Boston", declaró elentonces director de la prueba, Will Cloney.

Gibb no se amedrentó y siguió acudiendo a la cita los años siguientes: en 1967 se unió a ella Katherine Switzer, que fue la más lista de la clase y logró la inscripción oficial usando solo la inicial de su nombre para engañar a los organizadores.

Durante la prueba, un juez de carrera llamado Jock Semple intentó arrebatarle a Switzer el dorsal y un fotógrafo inmortalizó el momento, que se convirtió en un icono eterno de la lucha por los derechos de las mujeres.

Katherine Switzer fue la primera mujer inscrita oficialmente en el maratón de Boston... y su participación levantó ampollas entre los organizadores. Imagen vía Boston Marathon Org

Muchas veces se considera a Switzer la primera mujer que participó en el maratón, dado que oficialmente fue la primera inscrita. El honor, sin embargo, corresponde en realidad a Roberta Bobbi Gibb. Desde su pionera aparición en 1966, el running se fue liberando de los prejuicios y acabó convirtiéndose en uno de los deportes más abiertos del planeta.

A día de hoy, el equilibrio de hombres y mujeres en el maratón es prácticamente absoluto... y todo gracias a una mujer valiente que decidió esconderse detrás de un arbusto.

A la autora le gustan el snowboard y las pizzas. ¿A quién no le gustan las pizzas? Solo eso ya justifica seguirla en Twitter: @MonicaPrelle