Los BattleBots sí que son un deporte —y además uno extraordinario

A priori, en 'BattleBots' hay dos entes que compiten, así que es un deporte. En un nivel más profundo, no obstante, es bastante más que eso.

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jul. 22 2015, 4:00pm

Image via battlebots.com

Preguntadle a cualquier luchador de robots —un término para aquellos que construyen robots para pelear— si lo que hacen es un deporte... y obtendréis un auténtico referéndum sobre el significado de la palabra.

"Hay cientos de definiciones para la palabra 'deporte'", dice la estadounidense Wendy Maxham, orgullosa copropietaria junto a su marido Matt de un entretenido robot llamado Stinger the Killer Bee. "Una de las acepciones de 'deporte' es 'una fuente de diversión'; otra es 'algo que se usa o conduce como si se tratara de un juego".

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Ambos se ríen mientras Wendy nos lee esas palabras por teléfono. Los dos ríen mucho; se pasan el día haciendo cosas excitantes. Es precisamente por esto que los Maxhams son dos de los personajes más memorables del programa BattleBots de la cadena norteamericana ABC, un espacio televisivo dedicado a los combates de robots cuyo objetivo es popularizarlos en la imaginación estadounidense.

Las definiciones del diccionario no es siempre son absolutas, pero tras ver a los Maxhams abrazarse mientras sus robots combaten o a Matt dando puñetazos a las paredes del ring —que lleva por nombre The Battlebox— es difícil no estar de acuerdo con ellos. La tensión, el alivio, la diversión, la gloria...

Sí, te dices a ti mismo, mientras animas a los Maxhams desde tu casa. Estos robots partiéndose su robótica cara tienen que ser considerados un deporte. Empecemos por aquí.

"La lucha entre BattleBots es un deporte para gente lista," dice Trey Roski, cofundador de la disciplina junto con Greg Munson. "Es para aquellos a quienes no les gusta ser golpeados o lesionados. Mírame a mí: soy un hombre alto y fornido, pero no lucho contra nadie porque soy inteligente y digo, 'No quiero que me peguen y no quiero pegarle a nadie'".

"Creo que algunos deportes no son inteligentes. Para mí es algo estúpido salir a que me agredan", continúa Roski. "BattleBots ha evolucionado más allá de la violencia física. Creo que estamos lejos de eso".

BattleBots, sin embargo, es muy violento. Maxham habla de un robot británico que no llegó a aparecer en la tele pero que lanzó un golpe con una fuerza cercana a los 700G con su arma de energía cinética.

"Eso es mucho más que lo que los robots electrónicos militares pueden soportar", asegura Maxham. La violencia de los BattleBots nunca llega a los humanos, sino que se proyecta en objetos antropomórficos que representan grandes hazañas de la imaginación STEM. La ausencia de violencia entre humanos es un estímulo y alivia mucha del sentimiento de culpa que hay en los deportes —el tipo de cargo de conciencia que nos entra cuando vemos un accidente mortal en una carrera de MotoGP o de la NASCAR, por ejemplo.

El detalle de la ausencia de violencia contra las personas es clave para Roski y Munson, que aseguran que su producto es a la vez una brutal carnicería y adecuado para todas las edades. Ningún ser humano sufre daños, pero las cosas que la gente hace, pinta y dota de nombres son destruidas de las maneras más atroces.

En principio no debería estar levitando, pero los choques suelen ser tan brutales que pasan cosas así. Imagen vía Youtube.

Los robots de energía cinética, mejor conocidos como 'giradores', son una de las tres modalidades más usadas en el combate de robots contemporáneo... y seguramente sean la más violenta. Junto con los robots de cuña y los de aleta, los giradores son tan populares y efectivos que amenazan con hacer pedazos la naturaleza competitiva del juego hasta convertirla en una tricotomía de piedra, papel, o tijera. Peter Abramson, un "pionero constructor" mencionado por Munson, acuñó el término "darwinismo robótico" como nombre para esta preferencia de los constructores hacia los 'giradores'.

Algunos fans de los BattleBots temen que el panorama se vuelva tedioso y pierda frescura si siempre compiten los mismos robots. No obstante, desde que el programa está en horario de máxima audiencia, ha sido el propio mercado quien ha impuesto su lógica a la hora de decidir qué robots tienen oportunidad de salir en la pantalla pequeña... y no se trata de una meritocracia en el sentido tradicional del término.

Munson y Roski aseguran que prefieren la variedad a la mera competitividad. Es por ello mismo que reconocen que la extravagancia importa. Un buen ejemplo es el caso de Derek Young, "chico malo" de las peleas de robots, ex campeón y propietario de Complete Control —un robot con apariencia 'disco punk' que se hizo famoso sin haber ganado nada, simplemente por utilizar trucos en el límite de lo permitido.

"No creo que los diseños fuesen tan variados si la competición fuese más pura", dice Young. "Al fin y al cabo, se trata de un programa de televisión".

Young comparte la pasión de la audiencia por el colorido y se aprovecha de ello: "Definitivamente me importa la estética", dice. "Tardo unas cinco horas en el trabajo de pintura cuando debería estar probando el robot. Probablemente sea un error por mi parte, pero quiero que siempre tenga buen aspecto".

Efectivamente, el combate entre robots vive en un territorio singular ubicado entre el deporte, el diseño y el arte. Los constructores llevan mucho tiempo preocupados por lograr que los combates sean competitivos y entretenidos. "Es sin duda la parte más difícil de BattleBots", dice Paul Ventimiglia, el propietario del robot Bite Force. "Llevo 15 años sufriendo por eso".

El Equipo JACD, dueños del extravagante robot Overhaul, están particularmente cansados de ve combatir a robots diseñados de forma ultrapragmática con el único objetivo de destruir con la máxima eficiencia. "Cuando entraron los motores de tecnología avanzada en la competición, el poder de las armas se disparó hasta límites nunca vistos. Parecía que el asunto iba de cómo meter el motor más grande posible en el robot, y eso le restó mucha diversión: unos cuantos golpes y la pelea ya había terminado", explica Adam Bercu, miembro de JACD.

"Nosotros, en cambio, quisimos construir robots más divertidos y artísticos. Los llamamos 'assbots' [robots-culo o robots del culo], asegura Bercu con una media sonrisa.

Ola ke ase, robotea o ke ase? Imagen vía BattleBots.com.

El contraste más marcado entre la evolución pragmática y los diseños imaginativos seguramente se dé en la mente de Ray Billings, el dueño del robot Tombstone. Billings siempre mantiene la personalidad separada de la competitividad: su Tombstone seguramente sea el artefacto de energía cinética más temido que se haya construido jamás. El robot es, además, sádico: juega con sus oponentes antes de hacerlos añicos con su colosal navaja giratoria para posteriormente agarrar los pedazos de sus pobres rivales y lanzarlos por los aires. Los trozos de robot pegan contra las paredes de la arena tan fuerte que los fans en los asientos frontales se estremecen.

"La gente me acusa de jugar con la comida", dice Billings, con una mezcla entre ironía macabra y orgullo.

Ray, sin embargo, también haba de la diferenciación del producto: "Si me meto en la cuestión de la personalidad", dice, "es porque desde el principio sé que el robot será entretenido, pero competitivo. Unos de los robots con los que competí antes de BattleBots fue The Great Pumpkin: era una simple cuña con una gran calabaza de plástico encima. Solo lo construí para dar espectáculo".

Una rápida investigación en YouTube revela que Billings, un ex guardia de la prisión californiana de Folsom, es también el poseedor de un sentido del humor espeluznante.

Lisa Winter, otra constructora de robots, es más apegada al espíritu de Team JACD y suele buscar una feliz confluencia entre las habilidades de pelea y el sentido artístico en sus robots. Su Tentoumushi, que Winter usó en la versión de BattleBots de la cadena Comedy Central, parecía inofensivo; a primera vista recordaba una gran mariquita con ruedas. Lisa, sin embargo, utilizaba su aparentemente benigno juguete de la niñez para fustigar a sus enemigos, tragándoselos y haciéndolos caer en su sierra circular.

El robot más nuevo de Winter es Plan X, uno de los especímenes únicos en este torneo. Diseñado con una clara inclinación estética, Plan X está equipado con un protector de titanio que mantiene a los oponentes alejados del chasis principal.

"Me gusta buscar el equilibrio entre funcionalidad y forma", explica Winter. "No podría poner en la pista algo que no fuese creativo". Pero en su búsqueda entre eficiencia y forma, Winter y su equipo cayeron rápidamente frente al rudo poder del robot Bronco, cuya aleta neumática los mandó al abismo. Puntos extra para los fabricantes.

Los robots temáticos son habituales en el mundo de BattleBots. El equipo Busted Nuts Robotics, los dueños de Witch Doctor, se acercan mucho al cosplay; el propio Paul Ventimiglia dice que su robot está hecho para "que parezca una 'Happy Box'". Seguramente sea ese espíritu de 'showman' lo que explica que el adorable Bite Force realizara un gesto que levantó a toda la grada después de una de sus victorias.

Billings, en cambio, está hecho de otra pasta. En una ocasión, un árbitro le pidió que "bailara" antes de una pelea, a lo que él respondió, mientas apenas movía su máquina: "Este es mi baile. Todo lo que tengo que hacer es asegurarme de que mi robot corra para vencer".

Entre el público también existe una corriente que desea un tono más familiar, aunque la versión de BattleBots de ABC parece mucho más preocupada por venderte su seriedad que su pasada encarnación en Comedy Central. ABC lo vende como un deporte regulado; Comedy Central lo emitía en un canal cuyo nombre empieza precisamente con la palabra "comedia". Los logos de cada uno de los programas son bastante sintomáticos; abajo a la izquierda está el de Comedy Central, a la derecha el de ABC.

El cambio en la marca también refleja un giro más general que afecta toda la simbología deportiva. Lo que antes era un grupo de mascotas amigables se convirtió en un ejército de criaturas extremadamente temidas y serias. El plató del programa es tan descarnadamente futurista que produce escalofríos. BattleBots y ABC quieren asegurarse de que su audiencia no olvide en ningún momento que está viendo un contenido deportivo. El uso masivo de estadísticas es otra estrategia para subrayarlo:

En realidad pone 93 como podría poner 76, 84 o 121.954, pero los números siempre molan... y todos los jugadores de FIFA o de NBA Live lo saben perfectamente.

En realidad, el lado deportivo de los combates de robots, aunque tal vez sea la clave para lograr una mayor audiencia, es solo una parte de la historia —y posiblemente la menos interesante. Es el hecho de construir robots únicos, y no el verlos arruinados en los combates, lo que convierte a BattleBots en un mundo totalmente distinto al de los demás deportes en televisión.

Aunque BattleBots se apoye en historias de superación personal similares a las que solemos ver en los documentales sobre los Juegos Olímpicos (historias como los orígenes de Maxham como humilde fontanero abundan), en general aquellos que sobresalen en esta disciplina suelen combinar sólidos conocimientos de ingeniería y principios de combate con un notable espíritu creativo. Al fin y al cabo, esto tiene mucho más que ver con el cerebro que con el cuerpo.

Tiene un cierto aire al malo de las Tortugas Ninja, ¿sabéis? Ese que parecía un cerebro dentro de una lata de sardinas grande.

"Tenemos a un competidor parapléjico", dice Roski. "Diseñó su robot usando su cabeza, nada más, y lo controla usando su barbilla. No le fue muy bien en los combates, pero su diseño era excelente. Es mi héroe".

"Lo que cuenta es armar el robot", prosigue el mismo Roski. "Cuando escuchas 'activar robot', es que lo has logrado. A partir de ese momento, la pelea no importa: te sientes recompensado igualmente. Al fin y al cabo, podrás reconstruir el robot cuando quieras. Si ya lo montaste una vez, puedes montarlo de nuevo".

Roski y Munson no piensan detenerse: su intención es que los BattleBots sigan creciendo. Su sueño es que los constructores y los desarrolladores obtengan la misma gloria que los atletas de carne y hueso adquieren durante los torneos deportivos 'mainstream'.

"¿Quién es más importante en nuestro mundo hoy en día?" pregunta Roski. "¿El boxeador, el jugador de baloncesto y el futbolista que ganan millones al año... o el ingeniero que va a contribuir con una idea maravillosa, la persona que logre que ya no necesitemos combustibles fósiles?".

Si la respuesta es una cuestión de ganancias, entonces es una pregunta retórica. El principio fundamental de BattleBots es que éste no es el auténtico fin. "BattleBots quiere recompensar a la gente inteligente, formar héroes que puedan salvar el mundo y no enfocarse tanto en convertir en héroes a los tipos que se pegan mutuamente" dice Roski.

Ello no implica que la competición pase a un segundo plano en BattleBots, en absoluto: solo que esta disciplina promueve una forma distinta de hacerlo, una vía que tal vez sea menos humana pero que al mismo tiempo atrae a muchos humanos diferentes a la arena. Hay una pelea y hay un ganador: es deporte. No hay discusión posible.