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Niki Lauda, de la muerte a la gloria en seis semanas

Hace 39 años, Niki Lauda protagonizó uno de los regresos más increíbles y heroicos de la historia de la Fórmula 1.

Jim Weeks

Jim Weeks

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Hace 39 años, el campeón mundial de Fórmula 1 Nicholas Andreas 'Niki' Lauda terminó en cuarto lugar en el Gran Premio de Italia. Podría decirse que fue un buen resultado, ya que su único rival al título mundial, James Hunt, no logró cruzar la bandera a cuadros; Lauda aprovechó la circunstancia para aumentar su ventaja al frente de la clasificación.

El triunfo de ese día, sin embargo, fue para Lauda mucho más que otra batalla por el título mundial de 1976. Tan solo seis semanas antes, el austríaco se encontraba acostado en una cama de hospital escuchando cómo un sacerdote le daba la extrema unción: un terrible choque en el Gran Premio de Alemania lo había dejado al borde de la muerte.

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Había una cruel ironía en el accidente de Lauda, ya que el piloto de Ferrari era uno de los conductores menos propensos a los choques en una época de la Fórmula 1 marcada por la brutalidad de las carreras. En los tres años anteriores a su accidente, seis hombres habían perdido la vida en monoplazas de F1.

A pesar del peligro, era casi inconcebible que Lauda pudiera estar tan cerca de unirse a este desgraciado grupo. No había nada de temerario en el piloto austríaco de 27 años; su relación con la F1 era analítica y fría, tanto, que no parecía encajar realmente en un mundo dominado por conductores con una notable tendencia hacia la temeridad. Hunt fue el mejor ejemplo de esta locura colectiva, pero desde luego no fue el único.

El piloto austríaco Niki Lauda antes de su accidente en Nürburgring. Imagen vía WikiMedia Commons.

El comportamiento reservado de Niki al volante, combinado con su talento para controlar y modificar los monoplazas, lo ayudó a ganarse un lugar en Ferrari en 1974. Un año después, Lauda ya se había convertido en campeón mundial. En 1976, justo antes del Gran Premio de Alemania, parecía que todo estaba dispuesto para que el austríaco repitiera el título gracias a la ventaja de 23 puntos sobre Hunt de la que disponía.

La carrera se realizaría en Nürburgring, un terrífico circuito de 22 kilómetros que el tres veces campeón del mundo Jackie Stewart apodó "The Green Hell" ("El Infierno Verde"). Como contexto, la carrera previa se había realizado en la pista de 4,1 kilómetros de Silverstone. El Ring era demasiado grande como para proveer suficientes medidas de seguridad; la instalación era tan inmensa, de hecho, que las condiciones climáticas podían diferir según la zona del circuito. En pocas palabras, Nürburgring era una anticuada trampa mortal que pertenecía al pasado de la F1 —un lugar donde ya se había decidido que no se organizaría ninguna carrera el año siguiente.

A Lauda esto no le gustó: hizo un llamado para boicotear la carrera de 1976, pero sus intentos fracasaron cuando la decisión se dejó a votación de los pilotos.

Aunque no era un hombre temerario, el deseo de Lauda de retener su campeonato mundial terminó imponiéndose, así que decidió correr. Su decisión sería costosa: en la segunda vuelta su Ferrari sufrió un fallo en la suspensión. Seguidamente su coche se incendió, dejando a Lauda con quemaduras severas y llenando sus pulmones con humo tóxico.

Aunque salió consciente de su coche, poco después Lauda entró en coma. Se llegó a temer que no sobreviviría la noche en el hospital. Años después, Niki recordaría la sensación como cercana a muerte: aunque logró despertar, su cara había quedado severamente desfigurada.

A pesar de lo extremo de las circunstancias, Lauda volvió rápidamente a la F1. El choque en Nürburgring ocurrió el primero de agosto; Niki logró regresar tan solo seis semanas, después el 12 de septiembre. Para los estándares de cualquiera, su retorno fue admirable; para otros, menos románticos, fue directamente una estupidez.

Al recordar los acontecimientos de ese fin de semana en Italia, el periodista Gerald Donaldson escribió que Lauda "obviamente seguía muy débil": "Su cara desfigurada era un espectáculo desagradable, su cabeza estaba excesivamente vendada, y había dudas sobre su estado físico y mental", relata Donaldson.

Después de su regreso, Lauda siguió liderando el campeonato mundial, aunque Hunt había reducido su ventaja a solo dos puntos. Según Donaldson, Hunt entendió la decisión de Lauda de regresar lo más pronto posible.

"En el hospital tienes mucho tiempo para pensar. Una vez decidió que quería regresar, lo hizo sin dudar. Estaba muy motivado para hacerlo, porque seguía liderando el campeonato y realmente quería ganarlo. Fue un estímulo muy grande para regresar. Había un desafío y él lo aceptó; eso le ayudó a tener una recuperación más rápida".

Después de clasificarse en quinto lugar, Lauda terminó la carrera en la cuarta posición; una notable labor dada la gravedad de sus lesiones. Fue un regreso fructuoso para el austríaco, ya que Hunt terminó dando tumbos fuera de la pista después de sufrir una penalización en la parrilla de salida.

Niki Lauda y James Hunt fueron muy diferentes, pero tenían un gran respeto mutuo. Foto vía PA Images.

El veterano periodista Nigel Roebuck describió después el viacrucis que representó para Lauda el mero hecho de subirse al monoplaza en esa carrera.

"Yo estaba en el 'pit' de Ferrari después de la carrera y vi cómo Niki se quitaba cuidadosamente su pasamontañas, que debido a la sangre seca se le había pegado a las quemaduras aún frescas de su cara. El hecho de que pilotara un monoplaza de F1 en Monza ese fin de semana sigue siendo el acto de valentía más grande que jamás haya visto en el automovilismo".

El relato del fin de semana de Donaldson da una cruda idea del estado psicológico de Lauda antes del evento.

"Obtuve el cuarto lugar, lo que algunas personas dijeron que había sido bueno. Pero me reservé la verdad", dijo Lauda años después. "En realidad estaba muerto de miedo. Aterrorizado. Con el corazón yéndome a quinientos. Vomitando. Tener miedo es algo intolerable y me dije que no podría conducir en esas condiciones, así que esperé a que el coche arrancara y comencé a conducir. Después de eso no fue tan difícil. Había dejado lo peor atrás. Había cruzado el umbral y de nuevo había encontrado mi ritmo".

"Su carrera habla por sí sola", añadió Hunt. "Es verdaderamente un gran logro regresar de la tumba y quedar en cuarto lugar en un Gran Premio seis semanas después".

No hubo un final feliz para Lauda esa temporada, ya que Hunt terminó haciéndose con el título mundial en la última carrera en Japón. Lauda se retiró de la carrera después de dar solo dos vueltas debido la intensa lluvia. Hunt terminó tercero y ganó el título por un solo punto. Es justo mencionar que, si no hubiera sido por el choque en Nürburgring, Lauda seguramente habría ganado el campeonato con relativa facilidad.

Lo valioso del regreso de Lauda en Monza, sin embargo, no fue lo que obtuvo en 1976. Más que una carrera heroica, su vuelta fue un símbolo de la determinación y de la irreductible forma de entender el deporte de Niki. Muchos pilotos que votaron a favor de correr en Nürburgring no habrían regresado después de un accidente similar —y mucho menos tan pronto. Lauda lo hizo, y cuando no se sintió cómodo en Japón, se retiró.

Estas decisiones parecen contradictorias, pero simplemente confirman la característica principal de la personalidad de Lauda: hace lo que cree que es correcto y no le importa lo que los demás piensan.

Lauda siguió progresando hasta convertirse en una leyenda de este deporte. En 1977 recobró su título mundial. Se retiró por primera vez en 1979, pero, después de dos temporadas lejos de la F1, regresó en 1982. En 1984 ganó su tercer título mundial.

Desde su retirada definitivo de la F1 en 1985, Lauda ha desempeñado varios papeles, entre ellos puestos administrativos con equipos y dirigiendo su propia aerolínea. Actualmente, es consejero de Mercedes, los actuales campeones mundiales; y si en la escudería alemana entienden la Fórmula 1 como lo hace Niki, no es nada raro que sean los números uno.

Sigue al autor en Twitter: @jimmy_weeks